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¿HACIA UN “NUEVO CISMA” EN LA IGLESIA?

Razones vs. insultos, una extraña controversia

Alejandro Ezcurra Naón

Martes 10 de octubre de 2017

Gran número de católicos, entre los cuales nos contamos, acompañan entristecidos la controversia suscitada en la Iglesia desde que el Papa Francisco publicó la exhortación apostólica Amoris Laetitia (AL) el 19 de marzo de 2016.

El foco de la controversia es el Capítulo octavo de la AL, cuyo sinuoso texto da a entender que en ciertos casos se podría administrar la comunión a personas que viven en las ahora llamadas “situaciones irregulares”, es decir pecaminosas, como el concubinato o el adulterio.

Después de Amoris Laetitia: confusión y búsqueda de claridad

Inicialmente el debate se centró en aclarar si tal posibilidad estaba realmente contemplada en el texto papal, debido a las interpretaciones opuestas a que dio lugar y al desconcierto que ellas crearon.

Por ejemplo, obispos progresistas —especialmente de habla alemana como los cardenales Reinhard Marx, arzobispo de Munich, Cristoph Schönborn, arzobispo de Viena, o Walter Kasper, ex presidente del Consejo para la Unidad de los Cristianos— se apresuraron desde un primer momento a dar al texto papal la interpretación más concesiva.

Otros cardenales y obispos —incluso Conferencias episcopales enteras, como las de Polonia y algunos países africanos— fueron más cautelosos, y afirmaban que AL no entraba ni podía entrar en conflicto con la doctrina enseñada por el mismo Jesucristo, sobre la indisolubilidad del matrimonio y la imposibilidad de acceso a los sacramentos a quienes viven en adulterio (Mat. 19:9; Lucas 16:18).

Interpretaciones tan contradictorias no hicieron sino aumentar la confusión. Comenzaron entonces a salir a luz análisis más exhaustivos del texto papal, individuales o de grupos de eclesiásticos y seglares de reconocida competencia, como el laureado filósofo Josef Seifert.

Esos estudios mostraban que, tras muchos rodeos, la exhortación papal sí deja una puerta abierta para que adúlteros que no han abandonado su pecado reciban la Comunión. Y pedían en consecuencia a Francisco que aclarase el tema, disipando toda ambigüedad.

Así las cosas, en septiembre de 2016 obispos argentinos de la región Buenos Aires consultaron al Papa sobre si, habiendo circunstancias que supuestamente “atenúan la responsabilidad y la culpabilidad” del adulterio, AL “abre la posibilidad del acceso a los sacramentos” de la confesión y la Eucaristía a divorciados en segunda unión. Francisco respondió afirmativamente, señalando que “no hay otras interpretaciones” [1].

Su respuesta causó estupor, y motivó que poco después, en noviembre, cuatro Cardenales dirigieran al Pontífice una respetuosa carta exponiendo cinco “Dubbia” (dudas) sobre el particular, pidiéndole que las aclarase a fin de disipar la dañosa confusión que se estaba creando. Como Francisco se abstuvo de responder, los cardenales decidieron hacer públicas sus preguntas, generándose así una situación inédita en la vida de la Iglesia.

Sale a luz la Correctio filialis

La controversia proseguía, con nuevas declaraciones de una y otra parte, cuando en agosto pasado un grupo de más de 60 intelectuales católicos, tanto eclesiásticos como laicos, enviaron al Papa Francisco una carta datada el 16 de julio, fiesta de Nuestra Señora del Carmen, titulada Correctio filialis de haeresibus propagatis (‘Corrección filial acerca de la propagación de herejías’)..

El documento atrae la atención del Papa hacia el hecho de que la AL contiene siete proposiciones directa o indirectamente heréticas, es decir contrarias al dogma, referentes al matrimonio, la vida moral y la recepción de los sacramentos.

En particular, señala el grave error de sugerir que habría casos en que obedecer a la Ley de Dios es “imposible o indeseable”, lo cual implica en afirmar que Dios no da al hombre la gracia suficiente para practicar sus Mandamientos, y que por eso en tales casos la Iglesia podría “aceptar el adulterio como un comportamiento compatible con la vida de un católico practicante” [2].

Esos errores, explican los firmantes, remiten al Modernismo, doctrina herética condenada por el Papa San Pío X, y a las ideas del heresiarca Martín Lutero. Por ello solicitaban filial y respetuosamente al Papa Francisco que condene formalmente esas proposiciones. Y al no haber recibido respuesta, dieron a conocer la Correctio el 24 de septiembre.

Una polémica viciada: cuando los insultos reemplazan a los argumentos

Lo que sucedió después roza en el surrealismo. La “Corrección filial” es un documento doctrinal, muy bien estructurado y fundamentado, además de respetuoso. Dada la gravedad del tema que expone, era de esperarse que quienes discuerden de su argumentación lo hagan en el mismo tono elevado y con la misma seriedad. Pero en vez de ello, el público asistió atónito a una andanada de burlas, injurias y argumentos ad hominem lanzados por los defensores de AL, buscando únicamente desmoralizar y descalificar la carta y sus adherentes, y sin entrar en el mérito de la cuestión.

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Padre José Antonio Fortea

Desde el conocido exorcista P. José Antonio Fortea al director de Aciprensa Alejandro Bermúdez, los críticos a la Correctio parecen haber adoptado una misma estrategia: eludir la discusión del tema y pasar al ataque personal.

Así lo hizo el P. Fortea, lanzándose a desacreditar a los firmantes en tono despectivo y burlón [3], mientras Bermúdez desdeñosamente tachó la carta de “irrelevante” porque según él los signatarios son pocos, “no representan a nadie dentro de la Iglesia”, hacen “bullying” al Papa, tienen una visión “retrógrada y oscurantista”, asignan a Francisco afirmaciones que no hizo, etc. [4].

También el teólogo Richard Gaillardetz, ex presidente de la Asociación Teológica de los Estados Unidos, en vez de replicar con argumentos propios de su especialidad prefirió desmerecer a los signatarios tildándolos de “voces extremistas y auto-marginadas”; mientras que el escritor británico Stephen Walford, recientemente acogido por el Papa en una larga audiencia privada, no les ahorró injurias: propagadores de “mentiras”, llenos de “una dosis masiva de hipocresía”, redactores de un texto plagado de “rabia, arrogancia, soberbia, escarnio e impiedad” [5].

Extraña controversia esta, en la que solo una parte presenta razones, mientras la otra replica con agravios... ¿No es esto una confesión de debilidad?

Perspectivas de “nuevo cisma” y el deber de los católicos

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Cardenal Gerhard Müller

Ese ánimo de ofender chocó a gran número de católicos, que manifestaron abiertamente su disgusto y rechazo por las redes sociales. Al punto que, apenas dos días después de publicada la Correctio, el cardenal Gerhard Müller, ex Prefecto de la congregación para la Doctrina de la Fe, consideró necesario advertir que los “críticos honestos” de la AL “merecen una respuesta convincente”, y pidió además al Papa que el tema sea objeto de una discusión teológica de alto nivel, para “evitar un nuevo cisma”  [6].

Tal vez debido a esa inesperada reacción, el 28 de septiembre la revista “La Civiltà Cattolica”, vocera oficiosa del Papa, divulgó el texto de una reunión de Francisco con jesuitas en Colombia (realizada dos semanas antes de conocerse la Correctio) en la cual el Pontífice afirma que los comentarios críticos hacia la AL son “respetables”, aunque a su juicio sean “equivocados” [7].

Y al día siguiente el Secretario de Estado del Vaticano, cardenal Pietro Parolin, refiriéndose a la Correctio agregó que "es importante dialogar también dentro de la Iglesia”. “Las personas que no están de acuerdo expresan su disenso, pero en estas cosas uno tiene que razonar, tratar de entender”, sostuvo [8].

La controversia sigue, pues, abierta. Y por el momento la razón parece estar del lado de los autores de la Correctio, dado que sus objetantes no han presentado hasta ahora ninguna réplica de valor.

* * *

Urge que se aclare el tema para prevenir que la creciente confusión doctrinal se convierta en fuente de divisiones insanables, de las cuales pueda surgir un “nuevo cisma”, como lo advirtió el cardenal Müller. Tanto más que no estamos ante una simple disputa abstracta entre teólogos, sino frente a una controversia que afecta a la sociedad entera, pues toca en su núcleo esencial, la familia, que nos cabe a todos defender.

Debemos ser conscientes de la extrema gravedad de esa dolorosa situación y de las perspectivas de caos religioso que así se abren. Frente a este cuadro tan alarmante, el deber del fiel católico es permanecer firmemente adherido a la doctrina desde siempre enseñada por la Santa Iglesia, confiando en la promesa de su divino Fundador: “las puertas del infierno no prevalecerán” contra ella (Mat. 16,18).



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