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ANÁLISIS

La era Trump: luces y sombras (*)

Lunes 21 de noviembre de 2016

Las consecuencias de las elecciones norteamericanas pueden determinar un gran vuelco en la situación de todo el mundo. Veamos los aspectos esenciales de esta crucial cuestión, como siempre desde la perspectiva católica, estrictamente a-política y centrada en los intereses de la civilización cristiana.

El voto que inclinó la balanza

Lo que triunfó en los Estados Unidos fue claramente una reacción conservadora, disgustada con los rumbos que últimamente han orientado la política norteamericana. Lo sustancial de esta reacción se confirma por el amplio respaldo que obtuvieron los candidatos republicanos a ambas Cámaras del Congreso —que continuarán dominando con mayoría absoluta— así como el número récord de gobernadores y Asambleas estatales conquistados.

El factor decisivo que inclinó la balanza a favor de esa reacción (y que se buscó ocultar, pero acabó saliendo a luz), fue el voto católico, que en su mayoría se inclinó por el candidato republicano: “Un 52% de los católicos votó a Trump y un 45% a Clinton” refiere el portal Infocatólica. Entre los practicantes, ese apoyo a Trump subió al 56%. El desprecio manifestado por el equipo de Hillary Clinton hacia los católicos y su abierta connivencia con la multinacional del aborto parecen haberle pasado factura a la candidata demócrata.

En efecto, la candidata Clinton hizo alarde de sus posiciones contrarias a la influencia de la religión en la vida pública de los Estados Unidos y recibió millones de dólares para financiar su campaña por parte de organizaciones abortistas, entre las cuales, la tristemente famosa “Planned Parenthood”, denunciada recientemente por la comercialización de órganos de niños abortados en sus infames clínicas.

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Donald Trump

Pocas semanas antes de la elección Trump confió la dirección de su campaña a una sagaz publicista católica, Kellyanne Conway. Ella le aconsejó una estrategia para el último debate, que dio plenamente en el blanco: interpelar a Clinton sobre el llamado “aborto por nacimiento parcial” en el noveno mes de embarazo, Trump describió y calificó de “terrible” e “inaceptable” ese procedimiento, consistente en sacar fuera del útero materno al niño por nacer, dejando dentro sólo la cabeza, y descerebrarlo para que así muera ¡un tormento que ni el “Estado islámico” osaría a practicar! Esta impactante interpelación resultó clave para el rechazo católico a Hillary Clinton.

De esa forma, una vez más el tema religioso-moral y la actitud de los católicos, tuvieron un peso decisivo en el resultado electoral de la primera democracia de la Tierra, dejando confundidos —y enfurecidos— a los idólatras del utópico “Estado laico”.

En próximo artículo abordaremos más a fondo ese notable fenómeno de opinión. En su conjunto, indica un rechazo de gran parte de la población norteamericana a la corriente de pensamiento, predominante entre los demócratas, conocida como “políticamente correcta” —o sea, indulgente por principio hacia todas las posiciones revolucionarias—, que es el núcleo ideológico del establishment político-publicitario del país.

Las dos caras de un panorama bivalente – El factor Putin

Esta reacción anti-establishment es profundamente saludable; pero al mismo tiempo no deja de proyectar algunas sombras inquietantes.

Veamos someramente cómo esas perspectivas contrapuestas se abren con la nueva presidencia Trump.

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Propaganda de la multinacional del aborto, Planned Parenthood, a favor de Hillary Clinton.

Lo saludable es tan evidente que salta a la vista. Si había una candidata “políticamente correcta”, era Hillary Clinton. Ella representaba todas las “conquistas sociales” revolucionarias: la libertad completa en materia de costumbres morales, aborto, uniones homosexuales, identidad de género, socialismo económico, etc. De ahí su profunda hostilidad hacia la religión, en especial la católica, y a todo lo que fuera conservador.

El revés electoral de este paradigma no puede dejar de ser visto con enorme alivio. Y, en cuanto expresión de la vitalidad de una corriente firmemente adherida a valores tradicionales, el triunfo del candidato opositor merece ser visto con simpatía y esperanza.

Sin embargo, con la victoria de la corriente representada por Trump surge una preocupación, que hasta ahora no había ganado una importancia internacional tan destacada. Es que, a la par de los aspectos “conservadores” de quienes sostienen posiciones “políticamente incorrectas” —como son la defensa de las identidades nacionales, de la familia, de la religión, etc.—, se proyectan algunas dudas, que se centran en saber hasta dónde llegará lo “incorrecto”, o más precisamente, qué parámetros guiarán la “incorrección” de esas políticas.

Un ejemplo nos permitirá aquilatar esta preocupación. Es el actual presidente de Rusia.

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Vladimir Putin

Como se sabe, la propaganda rusa (y la pro-rusa de Occidente) presenta un Putin que estaría liderando desde hace varios años una política interior en el buen sentido de lo “incorrecto”. A comienzos de noviembre, por ejemplo, inauguró en la Plaza Roja de Moscú una enorme estatua de san Wladimir (su propio nombre…), el rey fundador de la Rusia cristiana, de 18 mts. de altura.

Sin embargo, al mismo tiempo, y casi como si fuera otro brazo del mismo cuerpo, la Rusia de Putin está promoviendo la expansión de sus fronteras a costa de los países liberados del yugo de la ex URSS, y amenaza con aumentar aún más dicha expansión.

Hace parte de su posición no excluir ni condenar el período de Lenin ni Stalin, y menos aún la influencia ideológica y territorial de la ex URSS sobre el mundo entero. Esos tentáculos rusos-ex soviéticos se dejaron ver en la reciente celebración de acuerdos con la Venezuela de Maduro y con la dictadura de Ortega en Nicaragua, sin perjuicio —o tal vez precisamente por eso— de que ninguno de estos esconde su filiación marxista.

Es decir, las simpatías que busca despertar la propaganda pro Putin, al presentarlo como favorable a la religión y la familia, y contrario al aborto (a pesar de no haber hecho nada sustancial en ese sentido), se diluyen cuando es visto desde el prisma de su ánimo expansionista y nostálgico de la era soviética.

El dilema de lo “políticamente incorrecto”

En el caso del electo Presidente Trump, inquietan sus declaraciones destempladas como candidato; sus promesas aislacionistas; las amenazas de pasar la cuenta a la OTAN y a Corea del Sur por su defensa; los apoyos internacionales recibidos de una vasta red de partidos “populistas” que crecen en Europa; la falta de referentes morales y religiosos de esos populismos; los vínculos con la Rusia de Putin; las cambiantes posiciones —que llegan hasta lo contradictorio— asumidas a lo largo de su carrera; etc. Todo ese conjunto de factores no puede dejar de proyectar una pesada sombra, como nubes en el horizonte que oscurecen el porvenir.

Resumamos el dilema:

Cuando lo “políticamente incorrecto” constituye la oposición y la parte débil del panorama, sus posiciones son en general buenas, pues ellas se definen contrarias a todo lo malo de lo “políticamente correcto”. Pero ¿cómo se comportará esa política “incorrecta” cuando ella pasa a ser gobierno y representa la parte fuerte? Si ella se deja llevar sólo por los caprichos del “populismo”, el futuro no será tan promisorio: recordemos que fue de legítimos temores ciudadanos explotados por populistas, que emergieron el nazismo, el socialismo, el peronismo y muchos otros “ismos” de nefastas consecuencias para la civilización cristiana.

Aún es temprano para poder decir si esas nubes en el horizonte darán origen a lluvias benéficas o a temporales devastadores, pero sería ingenuo abstenerse de levantar el problema y sólo festejar, cerrando los ojos a los aspectos sombríos del panorama.

No podemos concluir estas líneas sin manifestar nuestras esperanzas de que los sectores pro familia y anti aborto norteamericanos, que se manifestaron con tanta claridad en estas elecciones, consigan dirigir a esa gran nación por los rumbos que la hicieron auténtica, cristiana y fuerte.

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El EE.UU. profundo es conservador.

(*) Adaptación, con datos adicionales, de artículo publicado en http://www.credochile.cl/vistazo-de-la-semana/triunfo-de-trump-luces-y-sombras/


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