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HEROISMO Y RECOMPENSA DE UNA VERDADERA MADRE

“Toda mujer muere, pero no toda mujer vive de verdad”

Norman Fulkerson (*)

Lunes 22 de diciembre de 2014

Cuando meses atrás, la prensa notició que a Brittany Maynard [1] le fue diagnosticado cáncer cerebral terminal, la señora Donielle Wilde, de Charlotte (Carolina del Norte), recibía un diagnóstico igualmente sombrío: cáncer de pecho en cuarta etapa.

Pero la semejanza entre ambos casos acaba ahí. Donielle estaba embarazada de su décimo hijo y le fueron ofrecidas dos opciones inaceptables que podrían salvar su vida: abortar, o someterse a un tratamiento agresivo [2], que podría dañar a su bebé.

Mientras Brittany eligió adelantarse al cáncer y morir “en mis propios plazos”, y el ruido mediático exaltó hasta el delirio su decisión suicida, Donielle y su esposo Keith, decididos a proteger al hijo por nacer rechazaron las opciones mortales para éste y eligieron “los plazos de Dios”. Su caso, al contrario de Brittany, no fue publicitado.

Los Wilde se mantuvieron animosos, aun sabiendo que su opción exponía la vida de la madre y podría echar por tierra sus proyectos de familia. No sabían que Dios tenía otros planes.

Señales de ayuda sobrenatural

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San Antonio de Santa Ana Galvão

El camino que eligieron no era fácil, pero jamás titubearon. Y a lo largo del trayecto fueron siendo bendecidos con ayuda sobrenatural. Un amigo de la familia les puso en contacto con Laura Wohlstadter, una madre católica de San Luis, Missouri, que había pasado por un embarazo riesgoso algunos años antes y había rezado a San Antonio de Santa Ana Galvão (1739-1822) [3].

Este admirable franciscano brasileño, recientemente canonizado, es un verdadero obrador de milagros para las mujeres encintas. La Sra. Wohlstadter finalmente dio a luz un niño que los médicos aseguraban que nunca nacería, y le puso por nombre Anthony en agradecimiento al gran taumaturgo paulista.

Quizás Fray Galvão podría ayudarlos a ellos también, pensaron los Wilde. Donielle inmediatamente tomó una de las famosas “píldoras” popularizadas por el santo que le envió la familia Wohlstadter: un pedacito de papel de arroz con la frase latina Post partum Virgo, inviolata permansisti, Dei Genitrix, intercede pro nobis (“Después del parto, oh Virgen, permanecisteis intacta; Madre de Dios, intercede por nosotros”). Donielle también empezó la novena a Fray Galvão.

Elección del nombre – Silvia Wilde, la “hija del milagro”

No había sido la costumbre de los Wilde averiguar el sexo de sus hijos, pero esta vez sintieron la necesidad de hacerlo. Les parecía necesario, no sólo porque permitió que sus demás hijos rezaran por el bebé mencionando su nombre, sino también porque personalizó a la criatura que Donielle llevaba en su vientre.

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Donielle y Keith Wilde con su hija Silvia.

Cuando se determinó que tendría una niña, Keith instintivamente escogió el nombre Silvia, sin saber nada de su significado. Después Donielle investigó y descubrió que Santa Silvia no es solamente la madre del gran Papa San Gregorio Magno, sino también la patrona de las madres gestantes. Reconfortante señal: los Wilde decidieron que el segundo nombre sería Hope (Esperanza), una virtud en la que se apoyarían fuertemente en los meses siguientes.

Los médicos necesitaban adelantar el nacimiento de la niña tanto cuanto fuese posible, a fin de iniciar el tratamiento del cáncer de la madre, y optaron por realizar una cesárea el 6 de noviembre. La fecha, planificada con mucha antelación, llegó por fin y Donielle pasó por un alumbramiento perfecto. Gracias a su decisión, el mundo no quedará preguntándose lo que la homónima de Santa Silvia –amenazada de exterminio antes de ver la luz del día– podría haber realizado en su vida. Ahora sólo le bastará esperar y ver.

Lo que aún estaba incierto era la salud de la madre. Ella había elegido “los plazos de Dios”, pero, después de asumir tal riesgo, ¿viviría para ver crecer a su hija? La respuesta no se hizo esperar.

Impresionante noticia

Si bien todos querían ver un alumbramiento seguro, había un abrumador deseo de que esa madre que tan abnegadamente decidió poner otra vida humana por encima de la suya terminase enteramente curada. Días más tarde, tanto Donielle como su recién nacida fueron dados de alta del hospital. El médico se sorprendió de lo bien que la madre estaba sanando. Era algo insólito, en una paciente a quien pocos meses antes se le diagnosticara cáncer en cuarta etapa.

Entonces Donielle recibió la sorprendente noticia. Los resultados de su primera tomografía del abdomen superior fueron negativos en cuanto a coágulos de sangre o cualquier signo de cáncer. Si bien esto fue motivo de esperanza, no era en absoluto el momento de descorchar botellas de champagne.

Un escaneo de cuerpo completo y nuevos análisis de sangre fueron programados para el 21 de noviembre, a fin de determinar si quedaban remanentes del cáncer. Cuando ese día finalmente llegó, la familia y amigos se regocijaron con los resultados.

En un mensaje electrónico enviado a sus amigos, Donielle contó que había sido “oficialmente calificada como ’N.E.D.’ (“Sin evidencia de Enfermedad”, en inglés). La exploración fue perfecta y sus niveles sanguíneos, según los médicos, fueron “excepcionalmente buenos”.

“¡Las oraciones han sido respondidas!”, escribió. “¡Sigo completamente asombrada de la grandeza de Dios, el amor personal de Dios y la misericordia de Dios! ¡No puedo evitar cantar ’gloria a Dios en las alturas y paz a su pueblo en la Tierra’! ¡Gracias a ustedes por sus horas de oraciones y su continuo apoyo durante estos meses!”.

“Desear la vida como el agua y beber la muerte como vino”

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Silvia Wilde, la “niña milagro”.

Durante toda esta prueba, Donielle insistió en restar importancia al heroísmo de su decisión, y prefirió dar énfasis al mensaje pro vida. Cuando consideramos objetivamente las opciones, realmente no cabía otra elección, para una madre de verdad.

Sin embargo, rodeados como estamos por un mundo egoísta donde las personas suelen elegir según sus propias ventajas, como la infortunada Brittany Manhard, una decisión potencialmente nociva con riesgo de vida, como la tomada por Donielle y su esposo Keith, es un acto de coraje que nos reconforta.

G. K. Chesterton definió una vez el coraje como “un fuerte deseo de vivir, que toma la forma de una disposición a morir”. Una persona así, agrega, “debe buscar su vida con un espíritu de indiferencia ardorosa: debe desear la vida como el agua y beber la muerte como el vino”.

Cuán cierto, sin duda... Es lo que comúnmente reconocemos en los valientes soldados que se enfrentan a la muerte en los campos de batalla. Pero no es menos admirable en el acto igualmente valiente de una anónima ama de casa y madre amorosa, que sonríe frente a una enfermedad probablemente mortal, en lugar de dañar una vida que Dios le dio a proteger. De tal persona, William Wallace podría decir : “toda mujer muere, pero no todas las mujeres viven de verdad”.

En estos días de Navidad, es verdaderamente “digno y justo” evocar este feliz alumbramiento, por cierto favorecido desde el Cielo con las gracias y las bendiciones de la Santísima Virgen y del Niño-Dios, que por la libre y voluntaria aceptación de Ella se “se hizo carne y habitó entre nosotros”.


(*) El autor es miembro del Consejo directivo de la TFP norteamericana.

[1Le fue diagnosticado un tumor cerebral inoperable, se le anunció un corto tiempo de vida, optó por suicidarse y fue convertida por la publicidad en un emblema en la lucha por la legalización de la eutanasia.

[2Debe señalarse que no se incurre en pecado cuando la madre elige un tratamiento, siempre que el procedimiento esté dirigido a curar a la madre y no a interrumpir un embarazo.



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