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RECHAZO POPULAR A FALSOS LÍDERES

Elecciones en Francia, lecciones para el Perú

Lunes 7 de abril de 2014

La segunda vuelta de las elecciones municipales francesas realizada el día 30 de marzo significó una pesada derrota para el Partido Socialista en el poder, agravó la crisis de la izquierda gala, y ofrece lecciones para el Perú dignas de toda atención.

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François Hollande, presidente socialista de Francia

El centro-derecha se impuso en la gran mayoría de los municipios franceses, logrando arrebatar a los socialistas y comunistas nada menos que 155 ciudades de importancia media a grande.

Varias simbólicas capitales regionales, como Toulouse —la cuarta mayor ciudad del país—, Reims, legendaria cuna de la nacionalidad francesa, o Limoges, la famosa ciudad de las porcelanas, gobernada ininterrumpidamente por los socialistas desde hace... ¡102 años! (1912), pasaron ahora de la izquierda a los conservadores.

La prensa y los políticos procuraron esconder el alcance ideológico de esta derrota socialista, atribuyéndola a factores coyunturales (mal manejo de la economía, desempleo, o casuística local). Pero los hechos demuestran que el choque de ideas pesó fuertemente en el resultado. Y no podía ser de otra manera, tratándose de Francia.

La experiencia de líderes falsos

Para entender lo ocurrido cabe recordar que la gran ganadora en estos comicios, la coalición UMP (“Unión por un Movimiento Popular”, el partido del ex presidente Nicolas Sarkozy), se presenta como de centro-derecha, y recibe la votación de ese sector de opinión.

El propio Sarkozy se eligió en 2007 apelando a los “valores tradicionales” y, en su famoso discurso de cierre de campaña en Bercy, prometió “devolver la moral a la política” y acabar con el “legado de mayo de 1968”, es decir, con la revolución cultural que corroe la familia y la sociedad. Ese discurso inclinó decisivamente la mayoría a su favor.

Sin embargo, una vez en el poder Sarkozy favoreció de varias maneras la misma revolución cultural. Pero esta defraudación a sus bases no quedó sin castigo: en 2012 postuló a la reelección, y los votantes le dieron la espalda. La abstención y los votos nulos alcanzaron el 24,3%, —cifra excepcional en elecciones presidenciales—, posibilitando así la ajustada victoria del socialista François Hollande.

Movimientos de opinión extrapartidistas entran en escena

Ahora, nuevamente la UMP y sus aliados apelaron al voto conservador. Pero el panorama ya es otro. Un inesperado protagonista entró en la escena pública: movimientos de opinión extrapartidistas, como La Manif Pour Tous– LMPT (“La Manifestación Para Todos”), a los que ya nos hemos referido (ver "¿Está naciendo la Contra-revolución Francesa?").

Agrupación de mayoría católica, LMPT surgió para defender la familia contra las metas anarquistas de Hollande: “matrimonio” homosexual, aborto, ideología de género en las escuelas, etc. Sus impresionantes manifestaciones de los últimos dos años, que movilizaron millones de participantes, y sus novedosos métodos de acción, muestran un renovado sentido de militancia en la población católica.

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"La Manif Pour Tous" hizo impresionantes manifestaciones en los dos últimos años contra el "matrimonio" homosexual

Samuel Lafont, joven referente de LMPT, explicó que actualmente se libran en Francia “dos combates paralelos: de un lado el combate cultural, de otro lado el combate electoral” [1]. Y al igual que en el Perú, la población percibe que el factor cultural es en concreto mucho más importante que el electoral.

Los ciudadanos franceses se sienten cada vez más indefensos frente a la ofensiva anti-familiar, y de otro lado perciben que el Establishment político está cada vez más divorciado de sus verdaderas preocupaciones y aspiraciones. Hoy, el llamado régimen representativo sólo se representa a sí mismo, y no más a la población.

Victoria de la autenticidad, derrota de la falsedad

La presencia de La Manif pour Tous y movimientos congéneres es clave para entender lo ocurrido en estas elecciones. Sus activistas influyeron decisivamente para que el centro derecha venciese en aquellas circunscripciones en que sus candidatos demostraron una posición conservadora firme y auténtica [2], y perdiese en ciudades clave donde sus postulantes cortejaron las ideas revolucionarias.

Lo mismo puede decirse del tercer colocado, el Frente Nacional, extraña y contradictoria amalgama política supuestamente de “extrema derecha” pero que mezcla xenofobia, racismo encubierto, estatismo y elementos de revolución cultural (incluso uno de sus pocos alcaldes electos es homosexual y recibió votos de la izquierda).

Los casos más expresivos del rechazo popular a las derechas falsas se dieron en París y Estrasburgo. En la Ciudad Luz la abstención fue de casi 40%, cifra altísima para Francia; y sumada a los votos en blanco alcanzó 43% [3], o sea que 2 de cada 5 parisinos se desinteresaron de votar.

¿Por qué ese desinterés? – La candidata de la “derecha” en París, Nathalie Kosciusko-Morizet, mostró posiciones libertarias afines a la izquierda en materia de familia: “matrimonio” homosexual, vientres de alquiler, fecundación artificial, etc.

También la candidata UMP en Estrasburgo, Fabienne Keller, se mostró abiertamente pro LGBT y otras formas de revolución sexual. Resultado: sus electores potenciales le dieron también la espalda, y la gran abstención (45,28%) permitió reelegirse al saliente alcalde socialista, por estrecho margen (1, 7%) [4].

El influyente blog católico Le Salon Beige comenta con chispa francesa: La derechista UMP “presentó en París y Estrasburgo candidatos de izquierda. Los electores han preferido los originales” [5].

En el bando opuesto, los socialistas también reconocen que donde se debatió el tema familia y revolución cultural fueron derrotados. Patrick Mennucci, candidato perdedor del PS a la alcadía de Marsella —la segunda mayor ciudad de Francia—, explicó que durante la campaña “se levantó la cuestión del matrimonio para todos. Y que la “instrumentalización” de ese tema y otros conexos por parte de sus adversarios “nos ha costado votos sobre el terreno” [6].

Lo mismo reconoció el alcalde socialista de Asnières.sur-Seine, Sébastien Pietrasanta, que postulaba a la reelección en ese importante suburbio de París. Para él la causa de su derrota fue el “radicalismo” y el “fundamentalismo” ideológico. “La ley del matrimonio para todos , más la instrumentalización de la polémica sobre la teoría de género han pesado en alimentar el conservatismo” [7].

Otro izquierdista, Pierre Regnault, candidato perdedor en La Roche sur Yon, explicó su derrota afirmando: “los militantes de La Manif pour Tous estuvieron muy presentes. Ellos han movilizado una parte de la derecha. El expediente [o sea el debate] del Matrimonio para Todos ha sido demasiado extenso” [8], y esa extensión resultó fatal: a mayor discusión, mayor rechazo (tal como sucedería en nuestro país con la “unión civil” homosexual, si hubiera un debate imparcial).

Una lección para el Perú

En resumen, la población francesa ungió a candidatos conservadores auténticos y rechazó a los inauténticos. Y esta constatación es de suma importancia para el Perú.

A pesar de estar cada vez más huérfano de referentes morales, subsiste en nuestro pueblo un resto de sentido común y sentido moral que hace que la gran mayoría de los peruanos rechacen la legalización de uniones homosexuales.

No obstante, una furiosa ofensiva político-publicitaria que moviliza a todas las fuerzas anticatólicas conjugadas, con la complicidad de políticos venales, magistrados corruptos y periodistas anticlericales, se ha desatado buscando imponer al Perú una legislación que en la práctica erigirá a los homosexuales como una casta privilegiada, contra los intereses y aspiraciones de la abrumadora mayoría de la población.

En momentos en que la familia peruana se encuentra amenazada por múltiples factores de descomposición, esos seudo-líderes se lanzan a golpearla aún más, con propuestas que deforman completamente su naturaleza y su sentido.

Se diría que tales elementos son los únicos que no miden el abismo social y moral que están cavando; o si lo miden, adoptan ante él la misma actitud del rey Luis XV frente a los síntomas precursores de la Revolución Francesa, expresada en la célebre frase: “Después de mí, el diluvio”.

Y el diluvio vendrá, tal vez antes de lo que esperan... Salvo si surgieran en nuestra Patria almas de élite, espíritus dispuestos a defender la familia disputando palmo a palmo el terreno a la revolución cultural, tal como en buena hora está sucediendo en Francia.



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