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HACE 41 AÑOS

La fotografía del milagro que estremeció al mundo

Miércoles 10 de julio de 2013

Han pasado 41 años desde que los diarios más importantes del mundo publicaron una fotografía de la Imagen Peregrina Internacional de la Virgen de Fátima vertiendo lágrimas. El impactante hecho ocurrió en Nueva Orleans el 17 de julio de 1972, un mes antes que se celebrase en esa ciudad el primer festival homosexual denominado “Southern Decadence”, y seis meses antes de que el aborto fuese aprobado oficialmente en los Estados Unidos.

En la ocasión Plinio Corrêa de Oliveira publicó en su habitual columna del diario “Folha de São Paulo”, una detallada descripción de ese estremecedor milagro, analizando también su posible significado. Nuestros lectores podrán juzgar por sí mismos la extraordinaria actualidad de ese comentario para los días presentes.


LÁGRIMAS, MILAGROSO AVISO

Plinio Corrêa de Oliveira (*)

Los diarios del 21 de julio de 1972 publicaron una fotografía procedente de la ciudad de Nueva Orleans, en los Estados Unidos, en la cual se ve una imagen de Nuestra Señora de Fátima vertiendo lágrimas. El documento despertó vivo interés en el público del mundo entero. Así pues, pienso que algunos detalles sobre este asunto satisfarán los justos anhelos de muchos lectores.

No conozco mejor fuente sobre la materia que un artículo titulado —muy al estilo norteamericano— Las lágrimas de la Imagen mojaron mi dedo. Su autor es el sacerdote Elmo Romagosa. Publicó su trabajo el día 20 de julio de aquel mismo año en el “Clarion Herald”, semanario católico de la diócesis de Nueva Orleans, distribuido en once parroquias del Estado de Louisiana.

Los antecedentes del hecho son conocidos. En el año 1917, Lucía, Francisco y Jacinta tuvieron varias visiones de Nuestra Señora en Fátima. La autenticidad de esas visiones fue confirmada por varios prodigios del sol, presenciados por toda una multitud reunida mientras la Virgen se manifestaba a los tres niños.

En términos genéricos, Nuestra Señora incumbió a los pequeños pastores de comunicar al mundo que estaba profundamente disgustada con la impiedad y corrupción de los hombres. Si éstos no se enmendasen, vendría un terrible castigo que haría desaparecer varias naciones. Rusia difundiría sus errores por todas partes. El Santo Padre tendría mucho que sufrir.

El castigo sólo sería evitado si los hombres se convirtiesen, si Rusia y el mundo fuesen consagrados al Inmaculado Corazón de María y si se pusiese en práctica la Comunión Reparadora de los Primeros Sábados de cada mes.

En vista de esto, la pregunta que naturalmente viene al espíritu es si las peticiones fueron atendidas.

Pío XII hizo en 1942 una consagración del mundo al Inmaculado Corazón de María. La hermana Lucía, única superviviente, afirmó que faltaron al acto algunas de las características indicadas por Nuestra Señora. No pretendo analizar aquí el complejo asunto. Consigno, solamente de paso, que es discutible si la segunda petición de Nuestra Señora fue atendida o no.

En cuanto a la primera petición —es decir, la conversión de la humanidad—, es tan obvio que no fue atendida, que me eximo de entrar en pormenores.

Como Nuestra Señora estableció la atención de sus pedidos como condición para que fuesen apartados los flagelos apocalípticos previstos por Ella, está en la lógica de las cosas que baje sobre la humanidad la cólera vengativa y purificadora de Dios, antes de que llegue la conversión de los hombres y la instauración del Reino de María.

De los tres niños de Fátima, la única que todavía vive es la Hermana Lucía, hoy religiosa carmelita en Coimbra [N. de la R.: falleció el 13 de febrero de 2005]. Bajo la dirección de esta última, un artista esculpió dos imágenes, que corresponden tanto cuanto es posible a los trazos fisonómicos con que la Santísima Virgen apareció en Fátima.

Estas dos imágenes, llamadas peregrinas, han recorrido el mundo, conducidas por sacerdotes y seglares. Una de ellas fue llevada a la ciudad de Nueva Orleans. Y allí vertió lágrimas.

El P. Romagosa, autor de la crónica a que me referí, había oído hablar de esas lacrimaciones al P. Breault, a quien estaba confiado el cuidado de la imagen. Sin embargo, sentía una honda reticencia a admitir el milagro. Por esto, pidió al P. Breault que le avisase tan pronto comenzara a producirse el fenómeno.

El P. Breault, notando alguna humedad en los ojos de la imagen el día 17 de julio de 1972, llamó por teléfono al P. Romagosa, quien acudió junto a la imagen a las 21:30 horas, trayendo fotógrafos y periodistas. De hecho, todos notaron alguna humedad en los ojos de la imagen, que fue fotografiada inmediatamente. El P. Romagosa pasó entonces el dedo por la superficie húmeda, y así recogió una gota del líquido, que también fue fotografiada. Según el P. Breault, ésta era la 13a lacrimación de la imagen.

A las 6:15 horas de la mañana siguiente, el P. Breault llamó nuevamente al P. Romagosa, informándole que desde las cuatro de la mañana la imagen lloraba. El P. Romagosa llegó poco después a la iglesia donde, dice él, “vi una abundancia de líquido en los ojos de la imagen, y una gota grande de líquido en la punta de la nariz de la misma”. Fue esta gota, tan graciosamente pendiente, la que la fotografía de los diarios mostró al público.

El P. Romagosa añade que vio “un movimiento del líquido mientras surgía lentamente del párpado inferior”.

Pero el P. Romagosa quería eliminar dudas. Notó que la imagen tenía una corona sujeta a la cabeza por un asta metálica. Se le ocurrió una pregunta: ¿no habrá sido introducida, en el orificio en que penetra el asta, cierta cantidad de líquido que después se filtró hasta los ojos de la imagen?

Terminado el llanto, el P. Romagosa retiró la corona de la cabeza; el asta metálica estaba enteramente seca. Entonces introdujo, en el orificio respectivo, un alambre revestido de un papel especial que forzosamente absorbería cualquier líquido que estuviese allí. Pero el papel salió enteramente seco.

No satisfecho todavía con tal experiencia, el P. Romagosa introdujo en el orificio cierta cantidad de líquido. Sin embargo, los ojos se conservaron absolutamente secos. El P. Romagosa puso entonces la imagen de cabeza hacia abajo. Todo el líquido introducido en el orificio escurrió normalmente. Estaba cabalmente probado que desde el orificio de la cabeza —único existente en la imagen— no sería posible ninguna filtración de líquido hacia los ojos,
El P. Romagosa se arrodilló. Finalmente creyó.

El misterioso llanto nos muestra a la Virgen de Fátima llorando sobre el mundo contemporáneo, como otrora Nuestro Señor lloró sobre Jerusalén. Lágrimas de afecto tiernísimo, lágrimas de dolor profundo, en la previsión del castigo que vendrá.

Vendrá para los hombres del siglo XX, si no renuncian a la impiedad y a la corrupción; si no luchan contra la autodemolición de la Iglesia, el maldito humo de Satanás que, según dijo Pablo VI, ha penetrado en el recinto sagrado.

¡Todavía hay tiempo, pues, de detener el castigo, lector, lectora!

Pero, dirá alguien, ésta no es una meditación propia para la amenidad en la cual me gusta vivir.

– ¿No es preferible, pregunto, leer hoy este artículo sobre la suave manifestación de la profética melancolía de nuestra Madre, a soportar los días de amargura trágica que, si no nos enmendamos tendrán que venir?

Si vienen, me parece lógico que habrá en ellos, por lo menos una misericordia especial para los que hayan tomado en serio, en su vida personal, el milagroso aviso de María.

Para que mis lectoras, mis lectores, se beneficien de esta misericordia, les ofrezco el presente artículo...


(*) Publicado en la “Folha de S. Paulo” del 6-8-1972.


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  • Primeramente es impresionante ver el rostro de María Santísima. Soy muy devota. Desde pequeña cerca a mi casa había un Convento de padres franciscanos donde aprendí las primeras oraciones, donde conocí a Dios a María Santísima. Fueron 5 años de preparación para luego recibir mi Primera Comunión. Era costumbre visitar el Convento ya que los padres franciscanos estaban a cargo de nuestro aprendizaje preparando a señoras y señoritas para la enseñanza. Cuando visitábamos el Convento, era algo especial para mi; recuerdo que al lado ezquierdo en un altar estaba la imagen de la Virgen de Fátima con los tres pastorcitos y para mi, era lo mas bello, bonito, impactante, más aún cuando la catequista nos hablaba de la Virgen. Por las noches, soñaba con la Virgen, Ella me hablaba, pero no le entendía, nunca pude lograr comprender que decía. Dejé de tener el sueño con la Virgen y despues de tiempo nuevamente ya era una señorita, igual todo; cuando me casé soñé 2 o 3 veces de la misma forma que la primera vez. Lo que me llamó la atención hace como 5 años, es que asistiendo al Hospital Guillermo Almenara y mientras atendían a mi esposo en medicina física yo iba a la Capilla a rezar y ahí estaba la imagen de la Virgen (aún está pero lo que me llamó un día la atención fue que la Capilla tiene el nombre de Virgen de Fátima y por espacio de casi 2 semanas veía el nombre de la Virgen en todo lugar, por TV. en la parte trasera de los polos de personas, niños y adultos, en las casacas de algunos escolares, cuando viajaba en algún carro veía el nombre de la Virgen ya sea porque estaba escrito en la pared, o un letrero , no se, nunca pude comprender ésto y ahora ya no, hasta éste dia que estoy leyendo éste escrito maravilloso. Y por si fuera poco, una amiga que reside en España me mandó un folleto donde se habla de la Virgen, de los pastorcitos, de la vida de ellos, de los milagros, horas, dias, en que la Virgen se les presentó etc. Saqué fotocopias y obsequié a varias personas. Aún conservo éste folleto. Y al leer ésta publicación, me he emocionado hasta las lágrimas y pido a mi madre sane a mi esposo que tiene una enfermedad incurable que se llama ELA y que calme sus dolores a su cuerpo porque también tiene 2 hernias en la columna.

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