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Panorama internacional

¿Hacia dónde va Sudamérica?

Jueves 15 de mayo de 2008

En los primeros meses de este año, la situación del Continente sudamericano presenta cambios sustanciales, muchos de ellos esperanzadores, en un panorama que sin embargo continúa cargado de amenazas.

Para quien defiende los valores perennes de la fe y la civilizacion cristiana, el año 2008 se presenta contrastante: amenazador de un lado, esperanzador del otro. Del lado auspicioso, en Europa las izquierdas continúan acumulando derrotas (las elecciones generales en Italia son el ejemplo más reciente) [1]; en los Estados Unidos crece la tendencia conservadora que podrá echar por tierra las ilusiones de los izquierdistas Clinton y Obama; y en América Latina se acentúa el desgaste del bloque revolucionario integrado por Venezuela, Bolivia, Ecuador y Nicaragua.

Dicho bloque, en parte respaldado por los gobiernos de Brasil, Argentina y Chile, tiene como exponente máximo al verboso presidente venezolano Hugo Chávez, quien afirma representar un “nuevo socialismo” bolivariano. Pero a juzgar por los hechos, lo único “nuevo” en el régimen chavista es una fuerte acentuación de las características igualitarias y anticristianas propias del socialismo, sobre todo en tres puntos: violación de reglas elementales de convivencia civilizada; nexos descarados con el extremismo musulmán y la narco-subversión en Sudamérica; agresiva hostilidad hacia la Iglesia Católica.

Reveses políticos del chavismo

Hasta el momento de ser llamado a la realidad por el sonoro “¿Porqué no te callas?” del rey de España, Chávez se daba aires de hombre providencial, auto-investido de la misión de abrir para los pueblos de América una era de redención. Esta pretensión resultaba tan desproporcionada a lo rudimentario del personaje y a sus raleados atributos, que recordaba la frase de Talleyrand, “lo sublime está a una pulgada de lo ridículo”.

La increpación del Rey a Chávez tuvo un efecto por así decir exorcístico: desahogó el sentir colectivo del mundo civilizado frente a este gobernante de pesadilla, flagelo de su país y de todos sus vecinos. Coincidencia o no, desde ese momento la estrella de Chávez parece haber comenzado a declinar. Así, pocas semanas después, el 2 de diciembre, el plebiscito que convocó para incorporar a la Constitución venezolana las “conquistas” de su régimen —particularmente la de eternizarse en el poder y el cercenamiento de la propiedad privada— le resultó adverso.

Mal repuesto de ese golpe, a fines de ese mismo mes Chávez intentó rehabilitarse anunciando con bombos y platillos que gracias a su injerencia —que Colombia fue forzada a aceptar por presión de gobiernos europeos—, la narcoguerrilla de las FARC liberaría en la selva a tres rehenes, dos mujeres y un niño, hijo de una de ellas. Nuevo revés: de inmediato el gobierno colombiano anunció que el niño en cuestión ya estaba desde hacía seis meses libre y seguro en Bogotá... Aparte de poner a Chávez en ridículo, el caso dejó más al descubierto sus extraños nexos con las FARC; y aunque finalmente las rehenes fueron liberadas, el dividendo propagandístico para el presidente venezolano fue nulo.

Mientras tanto la opinión pública hacía oír su voz. El 3 de febrero, una histórica movilización de nueve millones de colombianos se volcó a las calles para clamar “No más FARC”. Significativamente, en muchas pancartas se leía también: “No más Chávez”. En todo el mundo, incluído el Perú, hubo manifestaciones similares cubriendo en total 193 ciudades colombianas y del exterior. Fue la mayor movilización simultánea de la historia de Colombia y mundial.

Golpe a las FARC, insólita reacción “bolivariana”

A esto le siguió, el 1 de marzo, el fulminante ataque del Ejército colombiano a un contingente de las FARC localizado en territorio ecuatoriano, que culminó con la muerte de 20 guerrilleros, entre ellos Luis E. Devia, (a) “Raúl Reyes”. Si bien éste figuraba como N° 2 en la línea de mando de las FARC, era de hecho el N° 1, ya que el cabecilla máximo de la organización, P. Marín, (a) “Manuel Marulanda”, anciano y enfermo, ya no tiene figuración. Fue, por lo tanto, un golpe letal al narcomarxismo colombiano.

La reacción “bolivariana” a esa operación miliar parece sacada de una novela de republiquetas bananeras... Aunque el hecho no ocurrió en territorio venezolano, Chávez se sintió personalmente atacado. En su programa-show radial guardó un minuto de silencio por el abatido malhechor, al que cubrió de elogios mientras descargaba sobre el presidente colombiano Álvaro Uribe todo su arsenal de insultos, el menor de los cuales era “criminal” y “asesino”. Ahora bien, estos son precisamente los calificativos que definen al homenajeado “Reyes”, quien al morir afrontaba nada menos que 121 procesos: 57 por homicidio con fines terroristas, 26 por terrorismo, 25 por rebelión, 4 por secuestro y 9 por lesiones personales...

El enardecido Chávez también ordenó cerrar la frontera con Colombia, apostar allí “10 divisiones” de Ejército, y amenazó con “guerra” al país vecino. Su colega del Ecuador, Rafael Correa, se plegó a ese lenguaje destemplado, al igual que su par de Nicaragua, Daniel Ortega, quien de paso prestó homenaje a su caído “compañero” y “hermano” narcoterrorista. Venezuela, Ecuador y Nicaragua rompieron relaciones diplomáticas con Colombia, mientras un Fidel Castro metido a oráculo anunciaba, con euforia senil, que “suenan tambores de guerra” en América Latina.

Comprometedores indicios de nexos Chávez-narcoguerrilla

Sin embargo, el escenario cambió radicalmente esa misma semana, al divulgarse que el Ejército colombiano había podido ubicar a “Reyes” gracias a la interceptación de una llamada de Hugo Chávez al celular de éste, el 27 de febrero. Y aparentemente fue también durante una llamada del presidente venezolano, que un proyectil dotado de sensores especiales impactó en el celular de “Reyes”, matándolo en el acto. Las relaciones de Chávez con el jefe subversivo quedaron así en clamorosa evidencia. Y tomaron proporciones de escándalo cuando Colombia dio a conocer documentos contenidos en tres computadoras incautadas al abatido “Reyes” en las que afloran en serie, como de una caja de Pandora, sorprendentes vínculos políticos y económicos de las FARC con los gobiernos de Caracas y Quito.

Varios de estos documentos —cuya autenticidad corroboran peritos de la Interpol— fueron leídos por el presidente colombiano ÁlvaroUribe al fin de esa agitada semana, el 6 de marzo, durante la cumbre de presidentes del Grupo de Río reunida en Santo Domingo. Dirigiéndose calmamente, en presencia de mandatarios de casi 20 países, a sus pares de Ecuador y Venezuela, Uribe fue leyendo uno por uno mensajes que indican colaboración de sus gobiernos con las FARC en ámbito político, financiero y logístico, y ofreció a ambos presidentes la documentación para que iniciaran las investigaciones del caso. Correa sólo atinó a responder con más insultos, acompañado en esto por el cantinflesco Ortega; pero sorprendentemente Chávez asumió un tono conciliador, lo que permitió que la reunión no terminase en ruptura completa. Quizás esta actitud se relacione con la espada de Damocles que pende sobre las cabezas de Chávez y Correa, si se confirma que los documentos exhibidos por Uribe son auténticos; hipótesis bastante probable, ya que, por ejemplo, fue gracias a esos documentos que la policía de Costa Rica decomisó el 17 de marzo casi medio millón de dólares escondidos por las FARC en una casa del municipio de Heredia, cercano a San José. Muy significativamente, después de ese hallazgo Chávez declaró que por ahora se abstendrá de hacer nuevas declaraciones sobre la rehén de las FARC Ingrid Betancourt.

Desgaste del socialista Rafael Correa

En Ecuador, el presidente Rafael Correa afronta problemas análogos. No son pocos los documentos hallados en las computadoras de las FARC que sugieren nexos de éstas con su gobierno. Y cuando en marzo se reveló que uno de los muertos junto con “Reyes” era ecuatoriano, inicialmente Correa descartó que fuese miembro de la guerrilla; pero luego se verificó que sí lo era, lo cual ocasionó una seria crisis de gabinete. Apenas vuelta la calma, en abril se divulgó el video en el cual el camarada “Reyes”, de uniforme y metralleta, congratulaba a Correa por su victoria en las elecciones constituyentes del año pasado, a la que saluda como un gran paso “rumbo al socialismo”. Presionado en el frente interno ante tantos indicios acumulados y mal explicados de vínculos con las FARC, Correa debió cambiar su libreto y declarar que no permitirá que éstas “pongan un solo pie en suelo ecuatoriano”, y que considerará tal hecho un “acto de guerra” contra su país. Pero sin duda cierra ese bochornoso capítulo de su gestión políticamente desgastado y con su credibilidad minada.

Bolivia: ¿“Refundación” o desmembramiento?

En Bolivia, el papel desestabilizador de Chávez se hace más patente. Su longa manus local es el presidente cocalero Evo Morales, quien pretende “refundar” el país según la ideología marxista-indigenista de su partido, el Movimiento al Socialismo (MAS). Hay constantes denuncias de presencia militar venezolana y cubana en varios puntos del territorio boliviano, así como de introducción de armamento venezolano. Esto ocurre justo cuanto el país afronta un creciente conflicto político interno: al menos cinco de sus nueve departamentos rechazan las pretensiones hegemónicas y el totalitarismo radical del MAS.

Evo Morales quería también hacer aprobar una nueva Constitución inspirada en el programa totalitario del MAS, pero el vigoroso rechazo de la opinión pública llevó el debate constitucional a un punto muerto, después de casi dos años. Como último recurso, en noviembre el mandatario optó por hacer aprobar “su” Carta en el más puro estilo cocalero, en una reunión improvisada dentro un recinto militar, sólo con presencia de constituyentes adictos del MAS (a los opositores se les impidió el ingreso), y sin cualquier debate. La ilegalidad de esa votación-cuartelazo ha generado más rechazo al mandatario en el país como el exterior, creándose un impasse de consecuencias todavía imprevisibles.

Con sus planes jaqueados, Morales parece haber optado por la peor salida posible: provocar la confrontación. Frente al plebiscito autonómico convocado por el departamento de Santa Cruz el próximo 4 de mayo, convocó otro plebiscito el mismo día, para refrendar su irregular Constitución. Al mismo tiempo está insuflando la invasión de indígenas a haciendas agrícola-ganaderas en los extensos y ricos departamentos del Oriente boliviano. Mientras así juega con fuego, va perdiendo la batalla de la opinión pública y dejando el país resbalar hacia un posible desmembramiento, que por cierto no será pacífico y por el cual él deberá responder ante la Historia.

Izquierdas se deterioran, “socialismo bolivariano” pierde altura

No les va mejor a los gobiernos cercanos al bloque chavista. La presidenta de Argentina, Cristina de Kirchner, logró la proeza de levantar contra ella a casi todo el país, al decretar ilegalmente un “impuestazo” a las exportaciones de soya. La reacción unánime del campo, harto de exacciones (cerca del 60% de la renta agropecuaria se va en impuestos), fuertemente apoyada por la población urbana, paralizó la Argentina durante más de 20 días y tomó una clara connotación ideológica, de defensa del derecho de propiedad frente a la voracidad fiscal de un gobierno cada vez más nítidamente izquierdista. Lo cual significa para el régimen Kirchner un desgaste evidente e irreparable ante la opinión publica.

En Chile, la socialista Michelle Bachelet pasa por su peor momento, tras perder la mayoría en ambas cámaras del Congreso y haber tenido que destituir en abril a su ministra de Educación. Y en Brasil, el presidente Lula da Silva se encuentra atrapado entre la radicalidad ideológica de su agrupación, el socialista Partido de los Trabajadores (PT), los escándalos financieros, la creciente violencia en el campo y en las ciudades, y el fuerte rechazo de la mayoría cuerda y pacífica de la población a la progresiva anarquización del país.

Se especulaba que el recién electo presidente de Paraguay, el obispo suspendido de uso de órdenes Fernando Lugo, pudiese aliarse al bloque chavista. Pero su partido Alianza por el Cambio es una coalición de más de 20 organizaciones —donde prepondera el Partido Liberal Radical Auténtico (PLRA), considerado de centroderecha—, que además será francamente minoritario en el Parlamento. Luego, esa hipótesis es bastante improbable.

Todo esto vuelve más difícil y problemático el respaldo de esos países a los planes chavistas. Sin sustento en la opinión pública, y con sus aliados potenciales distanciándose de él, el “socialismo bolivariano” pierde altura. Esto no significa que Chávez y los aliados que le restan —como el régimen de la “revolución islámica” iraní— no puedan aún intentar, para salir de su estancamiento actual, jugar cartas sorpresivas e incluso violentas, sobre todo en la perspectiva cada vez más plausible de una crisis financiera global.

El Perú: recuperación de fachada, retaguardia desguarnecida

En una región andina así convulsionada, el Perú parece ser la excepción. Hay relativa estabilidad política y los indicadores económicos favorables ya se dejan sentir en cierta mejoría del nivel de vida de la población. El presidente Alan García Pérez parece haber dejado atrás ciertos condicionamientos ideológicos, a favor de un realismo y cordura que sólo pueden ser benéficos para su gestión y para el país.

Pero estas apariencias no deben llamar a engaño. Si en su fachada el Perú aparece remozado y pujante, el peligro nos podrá sorprender por la puerta de atrás: es la presencia creciente del narcotráfico en la sierra y selva, hoy ampliada a regiones donde anteriormente no operaba; son las pretensiones racistas-separatistas de políticos y movimientos de la izquierda neo-indigenista en departamentos del Sur; son las conexiones de tales movimientos con el trío FARC-Chávez-Morales a través de la “Coordinadora Continental Bolivariana”, las “casas de la amistad” revolucionaria (de las cuales ya existen varias decenas en el Perú) y otras; es la incorporación a tales entidades de elementos que militaron en el terrorismo peruano y que de esa manera se van reagrupando, etc.

A esto se suman denuncias recientes de que en el vecino Brasil, en el estado de Rondonia, colindante con Bolivia, opera desde hace dos años una guerrilla mucho mayor que la que actuó en aquel país desde fines de los años 60 hasta mediados de los 70. La “Liga Campesina de los Pobres” ya reivindica tres “zonas liberadas” donde practica asesinatos, saqueos y secuestros [2]. Es evidente que la desestabilización de esa región tan próxima a nuestra frontera sur podrá contagiarse fácilmente al Perú.

Inmensa orfandad moral, talón de Aquiles

Pero sin duda el mayor factor agravante de este cuadro es la inmensa crisis moral que aflige a la Nación. La proliferación de escándalos de latrocinio y depravación revela una corrupción de costumbres en aumento, cuyo efecto natural es generar más delincuencia, desestabilizar las familias y disgregar el tejido social, sin que hasta ahora se aprecie una reacción proporcionada y efectiva de parte de los responsables por el bien espiritual y temporal del país.

En esas circunstancias bien podría caberle hoy al Perú el fuerte calificativo con que Nuestro Señor Jesucristo increpó a Judea, “nación adúltera y pecadora” (Marc. 8, 38). ¿Y que capacidad de reacción frente a los peligros que la amenazan puede tener una nación cuya moralidad se desmorona a vista y paciencia de todos?

No tengamos duda: la orfandad moral es el talón de Aquiles del Perú, el mal mayor que nos aqueja, la puerta abierta para todos los demás males. Si no se la enfrenta debidamente, todo el esfuerzo de recuperación nacional podrá frustrarse, y los agentes del caos, bolivarianos o no, verán llegada su hora, dando razón a las advertencias contenidas en el Mensaje de Fátima, hoy más actual que nunca.

“La cortesía es a la caridad lo que la liturgia es a la oración: el rito que la expresa, la acción que la encarna, la pedagogía que la suscita. La cortesía es la liturgia de la caridad fraterna” [3].


[1Antes de Italia, la izquierda fue derrotada en Francia, Suiza y Dinamarca. Y las elecciones en España del 9 de marzo no contradicen este rumbo. Aunque el PSOE venció y aumentó 30 mil votos con relación a la elección anterior, su rival el PP creció en 400 mil, mientras que la Izquierda Unida, el tercer partido, perdió el 30% de su caudal (más de 400 mil votos). O sea, la izquierda española en su conjunto ha sufrido un marcado retroceso.

[2Cfr. revista “Isto É”, N° 2003, 26-03-2008. Ver: www.terra.com.br/istoe/edicoes/2003/artigo75560-3.htm

[3Roger Dupuis S. J. – Paul Celier, Courtoisie chrétienne et dignité humaine, Mame, París, 1955, p. 182.



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