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El viaje papal al Brasil

Significado de la acogida popular a S.S. Benedicto XVI

Miércoles 23 de enero de 2008

El Brasil católico manifestó cálidamente su agrado con la defensa que el Sumo Pontífice hizo de la familia tradicional, de la fidelidad conyugal y de la castidad, y con las censuras a la práctica del aborto y de la eutanasia.

Antes del viaje de Benedicto XVI al Brasil, eminentes purpurados dieron a entender que el Papa se referiría de manera apenas tangencial a los graves problemas que afligen a la mayor nación católica de la Tierra.

El entonces presidente de la Conferencia Nacional de los Obispos de Brasil (CNBB) y primado del país, Cardenal Geraldo Majella Agnelo, declaró a la prensa que el Pontífice no trataría de temas candentes como el aborto, la eutanasia y “otros problemas sectorizados”(1), y se limitaría a alusiones genéricas sobre el valor de la vida. El Cardenal Claudio Hummes, prefecto de la Congregación para el Clero y miembro de la comitiva pontificia, estando aún en Roma anunció que Benedicto XVI no traería a São Paulo una “agenda moralista”(2). Y el Cardenal Bertone, Secretario de Estado, sugirió una pauta de temas diversa de la que finalmente fue seguida: “Si un gobierno de izquierda se preocupa por favorecer a los más pobres, promover una repartición más igualitaria de la tierra, (...) si hace todo eso, puede recibir el aplauso y la colaboración de la Iglesia”(3). El presidente Lula preveía que la visita intensificaría la colaboración de la “acción social de la Iglesia Católica” con los “movimientos sociales”(4) —eufemismo por organizaciones de agitación de izquierda— a la vez que reafirmaba su posición favorable al aborto(5).

“Valores radicalmente cristianos” que deben preservarse

Tierra de Santa Cruz, el Pontífice confirmó el Código de Derecho Canónico que sanciona con excomunión a aquellos que participan en un aborto provocado. Los católicos brasileños, que son mayoritariamente antiabortistas, se vieron robustecidos en su posición cuando el augusto visitante, al pisar suelo brasileño, reafirmó ante el presidente brasileño las enseñanzas de la Iglesia contra el aborto y la eutanasia, y en defensa de la familia tradicional(6).

La propaganda mediática esparce la idea de que la adopción de posiciones firmes en dichas materias sólo despiertan indiferencia o antipatía. Pero en la visita papal se dio exactamente lo contrario: la misma prensa, habitual caja de resonancia de los contravalores revolucionarios, percibiendo que el público aguardaba con ansiedad las verdades que el Papa expuso, se vio obligada a reproducir sus palabras en grandes titulares. En la radio y televisión los brasileños pudieron oír con satisfacción afirmaciones habitualmente rotuladas de “retrógradas” y “moralistas”; y se sintieron interpretados cuando el Papa sostuvo que el Brasil y toda América Latina “conservan valores radicalmente cristianos que jamás serán abolidos”(7).

Innumerables católicos aplaudieron también el elogio papal a la castidad, a la fidelidad conyugal y a la virginidad; sintonizaron con el Papa cuando aludió a “la herida del divorcio”; y se unieron a su clara condenación al aborto y a la eutanasia.

Regocijo del público: alerta contra males de la actualidad

El público brasileño, especialmente el católico, se regocijó con la condenación del Pontífice a ciertos medios que atacan sistemáticamente a la institución familiar, y con su reprobación a la teología de la liberación como una ideología “milenarista” que falsamente prometía la “redención” de los pobres.

El mito básico enarbolado por la subversión marxista-indigenista –que es particularmente activa en Brasil, inspirada en la teología de la liberación– recibió también la censura del Papa. Con satisfacción y alivio, numerosos católicos vieron confirmada su convicción de que la “utopía de revivir las religiones precolombinas" no es “un progreso, sino un retroceso”; que la evangelización del continente “no supuso, de ningún modo, una alienación de las culturas precolombinas, ni fue la imposición de una cultura extranjera”; y que la conversión de los indígenas enriqueció a América Latina(8).

Fue corroborada la preocupación de innumerables brasileños con regímenes autoritarios latinoamericanos: “Tales gobiernos están sujetos a ciertas ideologías que parecían superadas, y que no corresponden a la visión cristiana del hombre”. Se vio en esa frase una alusión al socialismo marxista y a gobiernos como el del coronel Hugo Chávez, en Venezuela, de Evo Morales, en Bolivia, y congéneres.

Tanto más que en ese mismo discurso –el último día de su estancia en el país– Benedicto XVI recordó que “el sistema marxista, donde llegó al poder, no sólo dejó una triste herencia de destrucción económica y ecológica, sino también una dolorosa destrucción de los espíritus”. Y lamentó igualmente la situación reinante en Occidente, con un creciente desnivel entre pobres y ricos y una “inquietante degradación de la dignidad personal con la droga, el alcohol y los engañosos espejismos de felicidad”. Cabe, no obstante, hacer una distinción entre la situación socioeconómica del Occidente actual y la del sistema marxista. Lo que viene corroyendo al Occidente es, sobretodo, la revolución cultural, cuyas manifestaciones –como la corrupción moral, el divorcio, el aborto, el “matrimonio” homosexual– fueron también condenadas por el Papa en diversos pronunciamientos y discursos durante su visita. Sobre el sistema económico vigente en el Occidente, conviene recordar, por ser bastante esclarecedor, el pronunciamiento de Pío XII en el Radiomensaje al Katholikentag de Viena, del 14 de septiembre de 1952(9).

Canonización de Fray Galvão, momento culminante de la visita

Tal vez el auge de la visita haya sido la primera canonización de un santo nacido en Brasil: San Antonio de Sant’Anna Galvão, cuyas extraordinarias dotes de taumaturgo lo hacen comparable a nuestro San Martín de Porres.

Para alegría del millón de personas que se hicieron presentes en el solemne acto, el nuevo santo fue exaltado como modelo de vida actualísimo. El Santo Padre hizo hincapié en que Fray Galvão fue esclavo de amor de Nuestra Señora –es decir, lo opuesto al ideal libertario e igualitario contemporáneo– “fervoroso adorador de la Eucaristía, prudente y sabio orientador de las almas que a él recurrían y gran devoto de la Inmaculada Concepción de María, de quien se consideraba «hijo y esclavo perpetuo»”. Aún más: “¡Qué bello ejemplo a seguir nos ha dejado Fray Galván! Cuán actuales son para nosotros, que vivimos en una época tan llena de hedonismo, las palabras que aparecen en su cédula de consagración de castidad: «Quitadme la vida antes que ofender a vuestro bendito Hijo, mi Señor». Son palabras fuertes, de un alma apasionada, que deberían hacer parte de la vida normal de todo cristiano”(10).

Un capítulo aparte merece la acogida de los jóvenes al Papa. Al estadio de Pacaembú acudieron cerca de 50 mil jóvenes, alegres pero ordenados y compuestos: una juventud muy diferente de las barras turbulentas que suelen frecuentar ese estadio (¡al punto que los agentes del dispositivo de seguridad no registraron ni un solo incidente!). Ellos aclamaron con fervor las categóricas palabras papales a favor de los valores morales. ¡Quién podría imaginar que, en São Paulo y otros estados del país, hubiera una juventud católica tan numerosa! En esta época en que todo apunta hacia el relativismo, la ambigüedad y la confusión, hacia la vulgaridad y la corrupción moral, esa juventud multitudinaria y entusiasta es una buena sorpresa, y muestra que también en Brasil se reproduce el viraje de opinión hacia los valores religiosos, morales y familiares, que se verifica en otros países.

El Brasil católico se sintió reconfortado

De todo lo expuesto surge una primera constatación: el Brasil, flagelado por toda especie de ofensivas del socialismo, del comunismo y del progresismo católico; corroído por la violencia criminal, de un lado, y por los llamados “movimientos sociales” de agitación izquierdista, del otro; asediado por la inmoralidad avasalladora y por una Revolución Cultural que busca subvertir el propio orden externo e interno del hombre, de la familia y de la sociedad, ese Brasil sufrido y anhelante paz y orden, se sintió reconfortado por la visita papal.

Algunos exponentes de la teología de la liberación y del progresismo católico ensayaron protestas-show, que resultaron irrelevantes y pasaron completamente desapercibidas para el público. Y más bien el Brasil católico tomó más conciencia de su inmenso potencial, no meramente cuantitativo, sino sobre todo cualitativo. Cualidad que se manifestó en el deseo de integridad y radicalidad en lo relacionado con la fe y la moral verdaderas.

Sin duda el anti-Brasil del caos, de la Revolución Cultural, del progresismo eclesiástico, del socialismo, intentará sofocar o disminuir el impulso de alma que tantos sectores del Brasil auténtico manifestaron en estos días. Pero sin duda la Inmaculada Concepción Aparecida, Reina y Patrona del Brasil, desbaratará cualquier tentativa de apartarlo de su destino de grandeza católica.


Notas:
1. “O Estado de S. Paulo” (OESP), 6-5-07.

2. “Folha de S. Paulo” (FSP), 9-5-07.

3. OESP, 9-5-07.

4. OESP, 8-5-07.

5. FSP, 8-5-07.

6. OESP, 10-5-07.

7. OESP, 10-5-07.

8. OESP, 14-5-07.

9. "Si las señales de los tiempos no engañan, en la segunda fase de las controversias sociales, en que ya entramos, tienen precedencia otras cuestiones y problemas. Citamos aqui dos de ellos. La superación de la lucha de clases por una recíproca y orgánica ordenación entre empleador y empleado. Pues la lucha de clases nunca podrá ser un objetivo de la ética social católica. [...] Además, la protección del individuo y de la familia, frente a la corriente que amenaza arrastrar a una socialización total, en cuyo fin se tornaría pavorosa realidad la imagen terrorífica del Leviatán" (Discorsi e Radiomessaggi, vol. XIV, p. 314).



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