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Comunicado de Tradición y Acción
EL DECRETO VATICANO SOBRE LA EX PUCP

El fin del falseamiento y la contradicción

Martes 24 de julio de 2012


Ocurrió lo que ya se esperaba: un decreto de la Santa Sede firmado por su Secretario de Estado, Cardenal Tarcisio Bertone, el día 11 de julio pasado, pone fin a la mórbida situación canónica en que navegaba la ahora ex PUCP, y formalmente le prohíbe a esa casa de estudios usar en adelante los títulos de “Pontificia” y “Católica” [1]. Un desenlace lamentable, pero inevitable.

Tres documentos excepcionalmente severos

Lo llamativo del caso es el tono inusualmente severo del decreto, que expresa la justa reprobación vaticana al modo como las autoridades de la ex PUCP condujeron sus relaciones institucionales con la Santa Sede, conducta que en nuestra opinión caracterizó —es lo menos que puede decirse— duplicidad e hipocresía. La reprensión de Roma recae no solamente sobre el último período de negociaciones con la universidad iniciado en noviembre del año pasado, sino también sobre el comportamiento del rectorado en las últimas cuatro décadas, especialmente desde la publicación de la Constitución Apostólica Ex Corde Ecclesiae de 1990, cuyas directrices los dirigentes la ex PUCP nunca quisieron acatar.

Más severa aún es la carta personal del Cardenal Bertone al Rector de la Universidad, del mismo día 11 de julio, expresando su “notable decepción” con la conducta de la dirigencia universitaria y con la “desinformación” propagada por ésta sobre el tema “para la comunidad universitaria, para los fieles y los ciudadanos en general”, particularmente en lo tocante a la Santa Sede y al Arzobispo de Lima. La autoridad vaticana enfatiza además la “situación irregular” canónica de la universidad, que “ha venido incumpliendo las disposiciones legales establecidas” a pesar de ser “reiteradamente” advertida por ello. Y recuerda que desde 1967 la ex PUCP realizó múltiples modificaciones en sus estatutos de manera unilateral, “sin previa y necesaria autorización de la Santa Sede”. Tales modificaciones, agrega el Cardenal, son “ilegítimas” y van dando lugar a “un expolio a la Iglesia”. Al concluir, el Secretario de Estado deja claro que el Rector tiene “una concreta responsabilidad en la presente situación [2] (destaques nuestros).

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Padre Jorge Dintilhac, fundador de la Universidad Católica y don José de la Riva Agüero y Osma, principal benefactor de la misma.

Una tercera comunicación, emitida ese mismo día y en el mismo tono, fue la carta del Cardenal Bertone al presidente de la Conferencia Episcopal Peruana, entregada al Secretario de ese organismo el día 20 de julio a través de la Nunciatura Apostólica. El texto desaprueba el modo como cinco obispos se hicieron presentes y actuaron en la asamblea universitaria de abril, y solicita al titular de la CEP que en adelante “cuide que esa Conferencia Episcopal evite ser instrumentalizada por el rectorado de la universidad” [3]-

Para medir la gravedad de este desenlace, señalemos apenas que constituye una sanción sin precedentes a un centro de enseñanza superior católico, “única en su tipo, como expresa el vaticanista Andrés Beltramo del sitio web “Vatican Insider”.

Poniendo fin a un equívoco malsano

Es prematuro vaticinar qué consecuencias tendrá la medida vaticana en los varios ámbitos de la vida de la ex PUCP: académico, jurídico (canónico y civil), administrativo, etc. Desde ya, sin embargo, podemos señalar un primer efecto, supremamente benéfico y saludable.

Al sentenciar que la universidad no puede utilizar más los títulos de “Pontificia” y “Católica”, la Iglesia pone fin a un estado de contradicción malsana, que ya ha ocasionado daños incalculables, como lo fue el hecho de que que la ex PUCP mantuviese durante décadas una apariencia de institución católica, cuando en la práctica había dejado de serlo.

Del punto de vista ideológico, esa casa de estudios se había transformado en algo no muy diferente de una institución-“lobo con piel de oveja”. Desde la década de 1960 pasó a ser un foco difusor de las peores doctrinas revolucionarias. Para comprender esta anomalía clamorosa, recordemos que fue una de las instituciones más penetradas en el Perú por el nefasto proceso de “autodemolición” que la Iglesia sufrió tras el Concilio Vaticano II, como lo denunció el Papa Paulo VI [4]; un proceso que hoy desemboca en lo que Benedicto XVI con toda propiedad ha denominado “dictadura del relativismo”.

Cómo se adulteró la identidad católica de la PUCP

No cabe aquí trazar la historia de ese proceso autodemoledor en el Perú [5]. Apenas recordemos, para comprender cómo afectó a la ex Universidad Católica, que sus primeras manifestaciones afloran allí en los años 60, paralelamente a las sesiones del Concilio, al crearse en 1962 el programa de Ciencias Sociales en la Universidad. El jesuita P. Luis Velaochaga, progresista extremado, asumió la dirección de ese programa y oportunamente —poco antes de abandonar el sacerdocio— pasó el cargo a otro marxista, el abogado Enrique Bernales Ballesteros, catedrático de la ex PUCP condecorado por el régimen comunista de Alemania Oriental con la “Medalla del Centenario de Karl Marx” [6]. Ellos introdujeron en la Universidad el nefasto análisis social marxista.

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P. Gustavo Gutiérrez, abanderado de la marxista "teología" de la liberación y Enrique Bernales. Ambos trabajaron, junto a otros "católicos" de izquierda, para que la hoy ex PUCP se convirtiera en la cantera de donde salió la generación más influyente de la actual intelligentsia marxista peruana.

Esto fue complementado con la simultánea introducción, en el Departamento de Teología, de una nueva visión de Dios, de carácter imanentista-relativista-evolucionista, un “Dios que se revela en el devenir histórico”, precursora de la Teología de la Liberación. Lo cual no puede extrañar, ya que ese Departamento fue dominado por el P. Gustavo Gutiérrez y otros sacerdotes revolucionarios, parapetados en la agrupación de eclesiásticos contestatarios ONIS [7] . A ellos se sumaron laicos vinculados a la “izquierda católica”. Todo esto, bajo la mirada complaciente de la Rectoría...

El resultado es bien conocido: la ex PUCP se transformó en la cantera de donde salió la generación más influyente de la actual intelligentsia marxista o marxistoide peruana, los llamados corrientemente caviares, que amalgaman la adhesión intelectual al socialismo con la fruición material de los placeres del capitalismo. Esos izquierdistas PUCP lograron proyectarse política y socialmente, aprovechando tanto el prestigio académico de su casa de estudios como su carácter de institución católica. Se creó así una situación verdaderamente surrealista: una Universidad Católica transformada en el reino de la confusión y la contradicción ideológica; un “reino dividido”, destinado tarde o temprano a perecer (Mt. 12, 25).

Y al soplo de esa contradicción, representantes de todos los derivados del marxismo y otras ideologías anticristianas, incluso los más actuales como la “ideología de género”, las ideologías feministas y abortistas, etc., fueron asumiendo cátedras en la ex PUCP. Ellos impartían a los alumnos una formación ideológica envenenada, mientras los confiados padres de familia continuaban enviando a sus hijos a la que suponían ser “la universidad de la Iglesia”: equívoco aberrante y nefasto, al que no le faltó la bendición de obispos complacientes...

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La Universidad Católica fue transformada en el reino de la confusión y la contradicción ideológica.

Dos efectos benéficos inmediatos

A este equívoco, finalmente, el decreto de la Secretaría de Estado pone término. Más vale tarde que nunca. Y, sean cuales fueren las derivaciones del caso —se esperan complejos y prolongados litigios de carácter civil y administrativo— este paso de la Santa Sede clarifica el panorama, sanea una situación malsana que ya se había vuelto insostenible y, al definir las cosas por su nombre (“Sea, pues, vuestro modo de hablar, sí sí, o no, no”, Mat. 5, 37), tiene un efecto saludable inmediato sobre la población en general, de un beneficio invalorable.

Otro efecto sumamente benéfico es que la izquierda peruana perderá la adhesión de muchos católicos despistados, a quienes las apariencias confesionales de la ex PUCP engañaban. Y con eso se acentuará la declinación que ya se observa en esa corriente ideológica, que cada vez más se va asemejando a una bruja envejecida, cuyos sucesivos maquillajes ya no seducen a nadie ni disimulan su decrepitud, aunque aún conserve poder como para intentar en el país coletazos desesperados (léase Conga y otros).

Por cierto uno de esos coletazos será el intento de las autoridades de la ex PUCP de ignorar la sanción vaticana, como lo resolvió la asamblea del dia 23 de julio. Su ardid es refugiarse unilateralmente en la legislación civil peruana ignorando el derecho internacional, el Concordato y el derecho canónico, como si éstos no existieran o estuviesen excluidos del caso. Invocan también una “autonomía universitaria” y una “libertad académica” absolutas frente a la Iglesia, ¡como si la ex PUCP nunca hubiese sido católica!

No obstante, letrados bien especializados en el tema nos adelantan que el intento difícilmente prosperará, debido a su frágil sustentación. Y, pase lo que pase una cosa es cierta —y es lo que más importa para el bien de la Iglesia y del país—: la ex PUCP nunca más podrá volver a ser un “reino dividido”, la Universidad del falseamiento ideológico y la contradicción.

Lima, 22 de julio de 2012

TRADICION Y ACCION POR UN PERU MAYOR
tfplima@gmail.com
www.tradicionyaccion.org.pe
teléfonos: 462 0314 – 991 075 689

 

 
 


[4Cfr. Paulo VI, alocución al Seminario Lombardo del 11 de septiembre de 1974.

[5Al lector interesado en conocer ese proceso revolucionario en el Perú, y cómo penetró y se desarrolló en la PUCP, remitimos al documentado y concluyente libro de Alfredo Garland Barrón, Como lobos rapaces – Perú: ¿una Iglesia infiltrada?, Ed. SAPEI, Lima, 1978;

[7Sobre el ONIS y su actitud de desafío frente a la autoridad, que, en este caso, era la jerarquía eclesiástica”, ver Jeffrey Klaiber S.J., La Iglesia en el Perú, Fondo Editorial de la Pontificia Universidad Católica del Perú, 1988. pp. 381-383.



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Comentarios

  • Cuando, en un debate de ideas y principios institucionales, una de las partes se lanza a los ataques personales y a juzgar intenciones de la otra parte, es porque se le agotaron los argumentos y está perdido.

    Fue lo que le pasó al Rector de la PUCP Marcial Rubio, con su obsesivo "rollo" de que el decreto de la Santa Sede que le retira los títulos de Pontificia y Católica "persigue un interés crematístico" (o sea monetario), y de que el Cardenal Cipriani es movido por "un interés económico" (ver ’Correo’ del 25/07/12, pág. 9).

    Pero Rubio, marxista fundador del Partido Socialista Revolucionario del Perú, y sus camaradas saben bien que lo que se juega en el caso es otra cosa, mucho más importante, una cuestión ideológica de fondo: la identidad católica de la Universidad, que ellos quieren diluir hasta su extinción. La obsesión con el tema económico es una cortina de humo, para desviar el debate de esa cuestión absolutamente esencial.

    Responder

  • Visito frecuentemente su pagina, pienso que debe ser más difundida. Con seguridad son muchos los que piensan como Uds.
    Exitos

    Responder

  • Tal vez en parte la rebeldia de la ex universidad catolica sea lo mejor.
    Es peor una U. "catolica " infiltrada sistematicamente que una U a-confesional evangelizada por catolicos.
    Es una leccion para que la Iglesia promueva que las U de titulo catolico lo sean de verdad.

    Responder

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