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NUEVOS DESCUBRIMIENTOS CONFIRMAN SU AUTENTICIDAD

El Santo Sudario y la conmovedora realidad de la Pasión

Viernes 30 de marzo de 2012

Después de cinco años de estudios e investigaciones sobre el Santo Sudario, un organismo científico de la más alta competencia concluye que la ciencia, incluso la más avanzada, no tiene condiciones de producir algo semejante: es imposible imitarlo o falsificarlo.

El Santo Sudario de Nuestro Señor Jesucisto es, por cierto, la reliquia más preciosa y venerada de toda la Cristiandad.

Se trata de la sábana de lino que envolvió el cuerpo sagrado del Salvador, descendido al sepulcro donde permaneció por tres dias, después de los cuales resucitó.

Quiso la Providencia Divina que, milagrosamente, la figura de Nuestro Señor quedase impresa en ese tejido, de forma indeleble y humanamente inexplicable. Fue el modo que Dios Padre encontró para legar a los hombres la “fotografia” impresa de su Divino Hijo.

Habiendo pasado por todo tipo de vicisitudes y accidentes a lo largo de la Historia, inclusive un principio de incendio, el sagrado lienzo se halla actualmente en la catedral de Turín, Italia, donde es expuesto a la visitación de los fieles en ciertos períodos.

Siempre presente en la vida de la Iglesia

El Santo Sudario alimentó la fe y la piedad de los primeros cristianos en Jerusalén, sostuvo a los mártires y a los perseguidos en las catacumbas, inspiró la expansión de los católicos por toda la vastitud del Imperio Romano, extasió a los hombres de la Edad Media y, en particular, encendió el celo de los cruzados. En las épocas posteriores, de decadencia religiosa, todavía fue el Santo Sudario una luz de aliento para la fidelidad de los fieles y de esperanza de perdón para toda la humanidad.

Llegamos así a los tiempos actuales, en que el considerable desarrollo de las ciencias fue interpretado por muchos ateos, herejes y católicos decadentes como si fuese el toque de difuntos de la veneración al Santo Sudario, que supuestamente ya no tendría más ninguna función a cumplir: las ciencias —se decía— lo estudiarían y probarían que es fruto de una simple confección humana, o tal vez hasta de una falsificación hecha en la Edad Media.

Pero se verificó precisamente lo contrario. Atraídos por la originalidad de aquel misterioso tejido, destacados especialistas de diversos países, representando las más diversas ramas del saber científico, se inclinaron sobre el Sudario para estudiarlo e interpretarlo, mediante los más sofisticados aparatos que la ciencia consiguió inventar, y aplicando los conocimientos más recientes. El resultado fue sorprendente para los detractores del Sudario: múltiples análisis probaron que la figura impresa en su tejido no tiene ninguna explicación natural.

Además, esos estudios comprobaron tres hechos desconcertantes: que el origen del Sudario se sitúa en Palestina en el primer siglo de nuestra era (prueba del polen y otras), que la figura impresa en el mismo coincide exactamente con la descripción de la Pasión, tal como la relatan los Evangelios; y que el modo por el cual quedó estampada en el lino es, hasta hoy, totalmente inexplicable por la ciencia.

La farsa del Carbono 14

Hubo una excepción, en 1987, cuando el entonces Arzobispo de Turín, Cardenal Anastasio Ballestrero, convocó algunos especialistas en datación por el método del Carbono 14, quienes concluyeron, contra todo cuanto hasta entonces la ciencia había probado, que se trataría de una falsificación producida en la época medieval.

De inmediato se desató un festín publicitario anticatólico, promovido por adversarios de la Iglesia y centrado en la “falsificación”. Pero fue de corta duración: el Sudario —objeto de contínua fascinación para la verdadera ciencia— atrajo nuevos estudios; y, tal como ocurriera en las investigaciones anteriores a la prueba del Carbono 14, los científicos que lo analizaron después demostraron que el método en ella usado fue aplicado de manera incorrecta, y que los pretendidos especialistas del Cardenal Ballestrero nada habían probado.

Un ejemplo entre muchos otros: en 2005 el doctor Raymond Rogers, líder experto en química del equipo STuRP y miembro del Laboratorio Científico Nacional de Los Álamos, gerenciado por la Universidad de California, refutó la prueba del Carbono 14, declarando que la muestra retirada del Sudario para ese fin en 1988 fue tomada de un área del lienzo que había sido retejida durante la Edad Media. En esa restauración se habría mezclado (de manera muy sutil –imperceptible a la vista-) algodón medieval con lino antiguo, comprometiendo de esta manera la prueba de datación [1].

Pero además los científicos buscaron obtener los “datos brutos” de los laboratorios que habían realizado el test del Carbono 14, a fin de disponer de las comprobaciones necesarias; pero nada consiguieron, a pesar de reiteradas solicitaciones. Lo que sólo por sí lanza pesadas sospechas sobre la corrección científica del episodio, que muchos especialistas ya han descalificado como fraude.

Nueva e importante confirmación

Se diría que el milagro del Sudario fue obrado por Nuestro Señor sobre todo para nuestro tiempo, cuando se multiplican las posibilidades de probar cientificamente su autenticidad, por el impresionante acervo de conocimientos con que hoy se cuenta.

Una nueva confirmación nos llega ahora, y enorme alcance. En Italia, la Agencia Nacional para las Nuevas Tecnologias, la Energía y el Desarrollo Sostenible (ENEA), órgano científico gubernamental altamente conceptuado, publicó a fines de 2011 un informe referente a cinco años de experiencias (2005-2010) llevadas a cabo con el fin de “conocer la manera por la cual quedó estampada sobre la tela de lino del Santo Sudario de Turín la tan particular imagen”.

En su informe, los científicos del ENEA, doctores Di Lazzaro, Murra, Santoni, Nichelatti e Baldacchini, “desmienten, com mucho fair play, casi de pasada pero de modo muy categórico, la hipótesis de que el Santo Sudario pueda ser obra de un falsificador medieval”, señala el periodista Marco Tossati, de “Vatican Insider”.

Dice el informe: ”La doble imagen (frontal y dorsal) de un hombre flagelado y crucificado que aparece a duras penas en el tejido de lino del Santo Sudario de Turín, presenta numerosas características físicas y químicas de tal modo peculiares, que actualmente vuelven imposible obtener en laboratorio una coloración idéntica. Esta incapacidad de repetir (y, por lo tanto, de falsificar) la imagen del Santo Sudario impide formular una hipótesis confiable a respecto del mecanismo de formación de la impresión”.

En otras palabras, y a pesar de todos los avances tecnológicos, el misterio subsiste: incluso hoy en día, “la ciencia no está en condiciones de explicar de qué modo fue formada la imagen corporal en el Sudario. Hasta ahora, todos los intentos de reproducir una imagen sobre lino con las mismas características, fracasaron” [2].

Una mirada divinamente afable y severa

Recordemos, para terminar, que un objeto tan sagrado como el Santo Sudario requiere siempre ser contemplado en una doble perspectiva: la material, palpable —como las valiosas pruebas científicas de su autenticidad—, y la espiritual-sobrenatural, como las reflexiones que sugiere a los hombres de fe.

De esto último es admirable ejemplo un comentario de Plinio Corrêa de Oliveira sobre dos impresiones simultáneas, opuestas pero armónicas, que produce observar la Santa Faz del Salvador impresa en el Sudario. Contemplando ese rostro, “entrevemos lo que podría tener de divinamente suave y afable su mirada, lo que podría haber de supremamente afable en el lenguaje y en el timbre de su voz. Es la coexistencia de todas las virtudes, de todas las perfecciones, en todos los grados que puedan caber en su naturaleza [humana], como reflejo de la naturaleza divina ligada a Él por la unión hipostática.

“De otro lado, es interesante notar la severidad de la expresión. Nuestro Señor murió víctima de un crimen atroz. Del peor de todos los crímenes, el crimen de deicidio, producido y obrado por el mayor tormento de que hay noticia en la historia.

“Contemplando esta fisonomia, ustedes ven que Él está como un Juez delante de sus verdugos. Y que expresa un rechazo, una censura, un desacuerdo, y una condenación a aquellos que lo mataron. Como quien dice: ‘¡Yo soy la Ley, Yo soy el Juez, y Yo soy la Víctima! Y a esos tres títulos, juzgo el crimen que contra Mí fue practicado’. Es verdaderamente divino, majestuoso y asombroso” [3].

Que estas observaciones, tan impregnadas de verdadero amor a Dios, puedan servir a nuestros lectores de materia de reflexión en la Semana Santa.


FUENTE:
CID ALENCASTRO, Santo Sudário: novas provas de autenticidade, http://www.ipco.org.br/home/noticias/santo-sudario-novas-provas-de-autenticidade#more-12280.

[1Los estudios de Ray Rogers sobre la datación por el Carbono 14, http://webs.ono.com/sabanasanta/pag90.htm.

[2Marco Tosati, La Sindone non è un falso, “Vatican Insider”, 15/12/2011. Los lectores interesados en el informe del ENEA pueden consultar su texto integral en http://opac.bologna.enea.it:8991/RT/2011/2011_14_ENEA.pdf.

[3Plinio Corrêa de Oliveira, disertación para socios y cooperadores de la TFP, del 10-3-1973 (sin revisión del autor).



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