¿Otra vez, Andrés?
Por Julio Loredo de Izcue
El candidato presidencial de izquierda Roberto Sánchez declara no ser comunista, pero afirma ser un católico “formado en la teología de la liberación”... cuyo núcleo es el marxismo.
Será simple coincidencia... El hecho es que, justo cuando se está preparando la segunda edición peruana de mi libro Teología de la Liberación: Un salvavidas de plomo para los pobres, en una entrevista al programa “Brutalidad Política” del canal de YouTube “El diario de Curwen”, el candidato de la izquierda a las elecciones presidenciales, Roberto Sánchez, ha querido mostrar su lado “católico”, con la intención obvia de atraer los votos de los fieles [1].
Y para ello no tuvo mejor idea que sacar a relucir su conexión con la Teología de la Liberación, una corriente condenada por la Iglesia y que ha traído solo lágrimas y sufrimientos al pueblo. De allí el subtítulo de mi libro: prometiéndoles la liberación, en realidad esta ideología da un salvavidas de plomo a los pobres que, en vez de hacerlos flotar, los hunde.
En la entrevista, Sánchez se proclamó “cristiano católico toda mi vida”. Reveló que de joven entró en un seminario: “Yo en realidad quería ser cura”. En el seminario “maduré mi conciencia social”, y “entendí que lo mío era la comunidad, era lo social”. Después de proclamarse varias veces “de izquierda”, e incluso “socialista”, hacia el final de la entrevista, Sánchez se definió: “Yo soy formado en la teología de la liberación”.
Pensé conmigo mismo: “¿Otra vez, Andrés…?”.
¿A pesar de todo, aún quieren presentar esta corriente como amiga de los pobres? ¿Hasta cuándo continuarán mintiendo descaradamente?
La Teología de la Liberación se proclama autóctona de América Latina. En realidad es hija del Catolicismo Liberal, del Modernismo y de la llamada Nouvelle Théologie. Tiene, por lo tanto, sus raíces en Europa, y concretamente en herejías europeas, pues todas estas corrientes fueron en su día formalmente condenadas por la Iglesia. El Papa San Pío X incluso definió el Modernismo como “la cloaca donde desaguan todas las herejías” (omnium haereseon conlectum) [2].
La Teología de la Liberación ni siquiera es una teología. Invirtiendo el proceso de investigación teológica, ella no parte de la Revelación deduciendo una teología para arrojar luz sobre la realidad, sino que basa sus indagaciones (parcializadas) sobre las realidades sociales, políticas, económicas y culturales, y pretende después desarrollar una “teología” a partir de ellas.
Ahora bien, dicen los teólogos de la liberación, puesto que ni las Sagradas Escrituras ni la teología ofrecen criterios científicos de análisis social, es preciso buscarlos en otros lugares. Y ellos los encuentran nada menos que en el materialismo histórico, es decir, en el marxismo. “El marxismo, como marco formal de todo pensamiento filosófico de hoy, no es superable”, escribe nuestro compatriota Gustavo Gutiérrez, considerado el padre de la Teología de la Liberación [3]. “Lo que proponemos no es teología en el marxismo, sino marxismo, materialismo histórico, en la teología”, dice el brasileño Leonardo Boff, uno de los fundadores de la corriente [4].
Pero, si se analiza una situación usando el análisis marxista, las conclusiones necesariamente reflejarán esta ideología. “El pensamiento de Marx –escribía el Cardenal Joseph Ratzinger condenando la Teología de la Liberación– constituye una concepción totalizante del mundo en la cual numerosos datos de observación y de análisis descriptivo son integrados en una estructura filosófico-ideológica, que impone la significación y la importancia relativa que se les reconoce”. De ese modo, “creyendo aceptar solamente lo que se presenta como un análisis, resulta obligado aceptar al mismo tiempo la ideología” [5]. Es decir, la persona pasa a ver la vida social como una lucha necesaria por la liberación de los “oprimidos”, y se compromete a combatir contra la “clase opresora”. Tal es el materialismo histórico que pregona el exfraile Boff.
Por lo tanto, señor Sánchez, no venga a decir “no soy comunista” para después definirse “formado en la teología de la liberación”, que contiene en su núcleo el marxismo.
Pero donde la Teología de la Liberación más muestra su hipocresía es cuando se proclama paladina de los pobres, pero se obstina en rechazar un sistema económico que se ha demostrado capaz de producir un amplio bienestar material, proponiendo en cambio un sistema colapsado, que ha provocado únicamente miseria y opresión. Pudiendo escoger el desarrollo y la riqueza, escoge al contrario la revolución y la pobreza. “Hablamos de revolución, no de reforma; de liberación, no de desarrollo; de socialismo, no de modernización”, proclamaba Gustavo Gutiérrez [6].
Un análisis atento de América Latina muestra claramente que, en donde se han aplicado las políticas propuestas por la Teología de la Liberación, el resultado ha sido un notorio aumento de la pobreza y del descontento popular.
Ante la imposibilidad de negar que sus doctrinas producen miseria, los teólogos de la liberación se reunieron en Madrid en 1990 para enfrentar el problema. Lejos de negarlo, lo proclamaron sin tapujos. “En el mundo de hoy —explicaba el teólogo español Jon Sobrino— se impone no más una opción entre ricos y pobres, sino entre dos principios contrastantes: el de la riqueza y el de la pobreza. Debemos hacer una opción por la pobreza, debemos asumir el principio de la pobreza como fundamento de todo” [7].
Yo viví los años de la dictadura socialista y filo-comunista de Juan Velasco Alvarado. Muchos peruanos, especialmente los más jóvenes, no tuvieron esa oportunidad. No conocen lo que es el socialismo. De otro lado, conocí también los países del este europeo y la propia Rusia. Vi con mis propios ojos las terribles devastaciones –psicológicas y no solo económicas– provocadas por el socialismo.
Por el bien del Perú, y especialmente por el bien de los pobres, debemos rechazar el socialismo, doctrina condenada por la Iglesia, que un católico no puede apoyar de ninguna manera.
PD. Puede pre-solicitar su ejemplar del libro Teología de la liberación: Un salvavidas de plomo para los pobres escribiendo al Whatsapp +51 991 07 56 89 o a tfplima@gmail.com.
[2] Encíclica Pascendi Dominici Gregis, en su versión original latina, disponible en https://www.vatican.va/content/pius-x/la/encyclicals/documents/hf_p-x_enc_19070908_pascendi-dominici-gregis.html
[3] Afirmación de Jean-Paul Sartre citada por Gustavo GUTIÉRREZ, Teología de la liberación. Perspectivas, Lima, Centro de Estudios y Publicaciones, 13a. edición, 2014. pp. 77.
[4] Leonardo BOFF, “Marxismo na Teologia”, en Jornal do Brasil, 6 de abril de 1980, apud Plinio CORRÊA DE OLIVEIRA, Gustavo Antônio SOLIMEO, Luiz Sergio SOLIMEO, As CEBs, das quais muito se fala, pouco se conhece. A TFP as descreve como são, São Paulo, Editora Vera Cruz, 1a. ed., 1982. p. 147
[5] Sagrada Congregación para la Doctrina de la Fe. Instrucción sobre algunos aspectos de la «Teología de la Liberación», 1984, n. 6. Disponible en https://www.vatican.va/roman_curia/congregations/cfaith/documents/rc_con_cfaith_doc_19840806_theology-liberation_sp.html
[6] Gustavo GUTIÉRREZ, The Power of the Poor in History, Nueva York, Orbis Books, 1983, p. 45.
[7] Apud Julio LOREDO, “Apología de la pobreza en el X Congreso de Teología”, Covadonga Informa, Madrid, febrero de 1991, pp. 8-10
Portada del sitio Especiales Elecciones 2026


¿Un mensaje, un comentario?