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REFLEXIÓN ACERCA DE LA PINTURA ROBADA EN EL SANTUARIO DE HUANCHACO

¡Robo sacrílego en Trujillo!

O. Gabriel Prieto Burmester – Arqueólogo PUCP

Domingo 11 de octubre de 2009

En la madrugada del miércoles 7 de octubre, manos sacrílegas profanaron la histórica iglesia de la Virgen de Socorro, en Huanchaco. Robaron valiosas piezas de su acervo virreinal, incluyendo —sacrilegio excecrable— dos copones con Hostias consagradas. Trujillo está conmocionada. Nuestro colaborador Gabriel Prieto Burmester comenta para los lectores de Tradición y Acción ese terrible hecho. ¡Que la indignación de muchos corazones católicos llegue como digno desagravio hasta el Trono de Dios!

Una triste noticia ha llegado a los oídos y corazones de todos los huanchaqueros. Una vez más, su emblemático Santuario ha sido objeto de un robo sacrílego. Uno más en su larga historia y uno más para la cuenta personal del arte virreinal trujillano. Hace unos días se ha robado del Santuario de Nuestra Señora del Socorro de Huanchaco, coronas, diademas y potencias de plata, así como la media luna (del mismo material) de Nuestra Señora. Pero la pérdida más lamentable es, sin lugar a dudas, la pintura virreinal en la que se apreciaba el rostro del benefactor de Huanchaco y deán de la Catedral de Trujillo, Antonio de Saavedra y Leiba. El cuadro conmemoraba las múltiples obras que este hombre de Dios hizo en vida. Aquel cuadro es uno de los pocos testimonios materiales que el famoso Deán hiciera en su propia memoria. De allí que su valor tenga un componente afectivo e histórico para los huanchaqueros. Artísticamente, y de acuerdo a los cánones de la época, podría considerarse como una obra de baja calidad, manufacturada por algún pintor anónimo de la supuesta “Escuela Trujillana”. Es llamativo que el acaudalado Deán de la catedral norteña haya mandado hacer una obra muy por debajo de las exigencias a las cuales –sabemos- estuvo acostumbrado. Sólo basta con comparar las bellas pinturas que él mismo mandó hacer para adornar las hornacinas laterales de las naves secundarias de la Catedral de Trujillo: El lienzo del Deán (ahora perdido), en el cual se lo observaba junto a Nuestra Señora del Socorro era bien inferior a los estándares de la época y denotaba contornos muy estáticos y poco agraciados.

Es muy probable que el mismo Deán Antonio de Saavedra y Leiba, debido al humilde espíritu que lo caracterizaba, haya decidido gastar muy poco dinero en su propia pintura. Esto se puede contrastar, como ya hemos indicado, con las fuertes sumas de dinero que invirtió en haciendas y réditos para financiar la reconstrucción de varios templos trujillanos, incluyendo el Santuario de Huanchaco, el templo de Sinsicap en la sierra liberteña y la construcción de la capilla de San José cerca del antiguo camino de carretas que unía Trujillo con el entonces puerto de la ciudad.

Precisamente, una importante cantidad de dinero fue aportada por el Deán para sustentar los gastos de la “Fiesta del Huanchaquito”, hoy denominada “Bajada Quinquenal de Nuestra Señora del Socorro”. Al revisar su testamento, el Deán donó asimismo un horno artesanal y una suma anual de dinero para mantener la producción de pan de trigo “… para las chinas que limpiaban el atrio de la Iglesia de Huanchaco… y para las que ponían cera a la Imagen de Nuestra Santísima Señora”. Dichos actos de piedad y amor a su pueblo nos indican que el Deán priorizó por sobre todos sus intereses (incluso su memoria) el ayudar a los más necesitados y al mismo tiempo garantizar la gran tradición que él mismo instauró, y que hoy se celebra cada cinco años: los festejos de “Las Bajadas del Socorro” o “Las Bajadas Quinquenales de Nuestra Señora del Socorro”, el mayor aporte de tradición, costumbrismo y trujillaneidad que este hombre de Dios supo legarnos.

Evidentemente el robo del cuadro del Santuario de Nuestra Señora del Socorro de Huanchaco es un típico caso de “pedido a dedo”, pues como remarcamos, su valor artístico es mínimo y el interés de los hampones debe estar confabulado con algún miserable coleccionista de baratijas virreinales.
A fines del siglo XIX, el Santuario de Nuestra Señora del Socorro fue escenario de un robo, en el cual se perdieron objetos de plata y otros bienes de culto. El cura de ese entonces, cubrió con un velo negro la puerta del Santuario y colocó un cartel que rezaba:
“… que se toquen las plegarias y se recen las letanías de los santos por tres días rogando a Dios por la conversión de los que han tenido la desgracia de profanar el lugar santo y por se use con misericordia… aplacando el rigor de su justicia…”

La pérdida de esta pintura, tanto en el ámbito de la fe como en el cultural, debe ser tomada en cuenta para evitar nuevos robos en la ciudad de Trujillo, pues las estadísticas demuestran que un evento de esta naturaleza viene habitualmente acompañado de una seguidilla de hurtos sistematizados por espacio de un mes en promedio. Es evidente que ha llegado a la norteña ciudad un grupo especializado de ladrones que no van a parar con el sacrilegio efectuado a Huanchaco, sino que van a continuar con sus fechorías robando piezas de arte mayor. El cuadro robado en el Santuario de Huanchaco, entre otros objetos de plata y dinero en efectivo, ha quitado la oportunidad a futuras generaciones de huanchaqueros y peruanos, de conocer el único retrato de la época del venerable Deán Antonio de Saavedra y Leiba, quien en el ámbito religioso, político, cultural y económico aportó significativas obras en pro del bien de la ciudad de Trujillo y sus alrededores. El testimonio material de su rostro se ha perdido, pero como él mismo mandara grabar en el último párrafo de la leyenda del cuadro hoy perdido, “… su memoria vivirá en la de todos”.

Yale University, 9 de octubre de 2009



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