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UN TEMA MUY ACTUAL

Hablando de misericordia

Iván Rafael de Oliveira

Lunes 19 de septiembre de 2016

Predicar la misericordia de Dios y la caridad con los pecadores no es para nada una novedad en la Iglesia fundada por Jesucristo, la Iglesia que rinde culto a la Santísima Virgen como Madre de Misericordia. Pero en una época en que otras virtudes y predicados de Dios son omitidos, esas palabras, tomadas aisladamente, fácilmente pueden dar lugar a equívocos de interpretación.

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Los Milagros de San Francisco Javier, de Pedro Pablo Rubens.

“Háblales de las misericordias infinitas de Dios”, fue la recomendación que dio San Francisco Javier en carta a un sacerdote, para atender en confesión a pecadores habituados al vicio. Y para las prédicas, el santo jesuita exhortaba en su epístola: “Modera siempre tus observaciones por la dulzura de la voz, benevolencia en el mirar, elección de expresiones, y que una sonrisa amable acompañe tus palabras; además de eso, haz ver que un sentimiento de caridad es lo que únicamente te inspira”.

Predicar la misericordia de Dios y la caridad hacia los pecadores no es para nada una novedad en la Iglesia fundada por Jesucristo, la Iglesia que presta culto a la Santísima Virgen como Madre de Misericordia. Pero en una época en que otras virtudes y predicados de Dios son omitidos, esas palabras, tomadas aisladamente, bien pueden causar equívocos de interpretación.

Una persona que ejercitase apenas una parte de su cuerpo, dejando el resto languidecer, acabaría por perjudicar y perder el cuerpo entero. Teniendo esto en vista, la Iglesia siempre predicó las verdades enteras, sin esconder a los fieles ninguna de las obligaciones que cada cual debe cumplir para salvar su alma.

Las suaves palabras arriba citadas, dirigidas a un jesuita que partía en misión, lejos de perder en espíritu apostólico, ganan más aún en fecundidad cuando leemos otros principios contenidos en la misma carta del gran San Francisco Javier.

Aconsejando el mejor modo de convertir las almas a través de la predicación, escribió el Apóstol de las Indias: “Haz sobresalir (en las predicaciones) la majestad infinita de Dios y la enormidad del pecado que lo ultraja. Imprime en los espíritus la creencia de la aterradora sentencia que será fulminada contra los réprobos en el día del juicio final”.

“Presenta con todos los recursos de la elocuencia, los suplicios eternos para los que fueren condenados. Habla, finalmente, de la muerte y de la muerte súbita a los que viven en la indiferencia y en el olvido de su salvación, con una conciencia cargada de crímenes”.

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Escena de la vida de san Francisco Xavier (El bautismo de los infieles - Museo Nacional de Arte de México).

“A todas esas consideraciones, agrega la de la Pasión y muerte del Salvador de los hombres, pero hazlo de una manera tocante, patética, propia para excitar en los corazones un vivo dolor de los pecados cometidos, y a conmoverlos hasta las lágrimas. He ahí lo que deseo que expongas y vuelvas bien claro en tus sermones”.

San Francisco Javier sabía bien que “la reprensión es en sí mesma desagradable y amarga”, pero no vacila en advertir: “Encontrarás cristianos que no creen en la presencia real de Jesucristo en el Santísimo Sacramento del Altar. Esta incredulidad les viene del alejamiento de los sacramentos o de su contacto habitual con los paganos, mahometanos y heréticos; otras veces por el escándalo que dan otros cristianos, y, lo digo con grande pesar y vergüenza, ¡por los Sacerdotes cuya vida deshonra su ministerio! El pueblo, viéndolos subir al altar sin preparación y sin respeto, supone que ellos mismos no tienen fe en la presencia de Jesucristo en el sacrificio de la Misa”.

Muchos hoy podrán alegar que tales amonestaciones ya no están más de acuerdo al espíritu moderno, y que las personas del siglo XXI no entienden más esa forma de “radicalismo”.

Respondemos: ¿Acaso ese lenguaje estaría de acuerdo al espíritu pagano de la India del siglo XVI? ¿La decadencia moderna habría llegado tan hondo, que los propios católicos serían hoy menos receptivos a la Ley de Dios que los hindúes evangelizados por San Francisco?

El célebre santo jesuita hasta podría hoy ser acusado de “faltar a la misericordia” y querer transformar el púlpito en un “lugar de torturas”. Pero las miles y miles de almas que, gracias a su benemérito apostolado, cantan hoy las glorias eternas de Dios, sabrían defenderlo.


(*) Todas las citas textuales de este artículo proceden de la carta de San Francisco Javier al Padre Gaspar Barzeu, escrita em Goa, India, en 1549. Fuente: J. M. S. DAURIGNAC, San Francisco Javier, Apóstol de las Indias, ed. Livraria Apostolado da Imprensa, Rio de Janeiro, 1959, 5a. edición.


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