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FENÓMENO IRREVERSIBLE

La polarización que se viene

Lunes 25 de enero de 2016

Más de una vez tuvimos oportunidad de oír del prof. Plinio Corrêa de Oliveira, en sus habituales reuniones semanales de análisis de la situación internacional, la previsión de que la Revolución —ese multisecular proceso histórico que viene destruyendo la civilización cristiana— lograría sortear los obstáculos a su marcha mientras pudiese ocultar a la opinión pública sus metas extremas. Pero en cierto momento sería obligada, por su propio dinamismo interno, a descubrir tales metas, y ello desencadenaría una reacción considerable, que acabaría provocando una inédita polarización de fondo religioso.

Ese momento parece haber llegado. Las metas últimas revolucionarias se están haciendo patentes en los hechos. La faz más hedionda y satánica de la Revolución comienza a aparecer abiertamente. Por ejemplo, las atrocidades practicadas por el “Estado Islámico” —cuyo nombre más apropiado sería Estado satánico— exceden todo lo que la maldad meramente humana sería capaz de idear y practicar. Como también, en Occidente, la pretensión de dar ciudadanía a las peores perversiones sexuales o a rituales satanistas que comienzan a practicarse a la luz del día, no dejan dudas de hacia dónde camina el proceso revolucionario: es la destrucción final de todo orden.

No obstante, a medida que ese objetivo va quedando al descubierto, aparecen reacciones inesperadas para muchos, que con su habitual agudeza Plinio Corrêa de Oliveira también previera hace décadas.

Es de particular interés en ese sentido la persistencia y consolidación de un filón de opinión católica en Francia, estimulado por los recientes atentados terroristas.

El periódico “La Croix”, órgano del Episcopado francés, publicó el 20 de enero un artículo que revela cómo la población francesa siente que la inconsistencia de los dogmas laicistas no basta para contener el agresivo fanatismo musulmán. E instintivamente —sin duda por acción de la gracia divina— comprende que la salida de la actual crisis es que la “Hija primogénita de la Iglesia”, la primera nación católica surgida en la Historia, honre ese glorioso título y retorne a sus raíces cristianas.

Transcribimos íntegro dicho artículo para nuestros lectores, pues retrata la polarización que se avecina, un inmenso fenómeno de opinión que trasciende a Francia y abarca a todo Occidente —del cual incluso ya se observan indicios en nuestro Perú— y que tenderá a crecer de manera irreversible.


TRAS LOS ATENTADOS, LA NECESIDAD DE LA IGLESIA

Céline Hoyeau - Xavier Renard
“La Croix”, París, 20/01/2016

Después de los ataques terroristas en Francia, las iglesias estarían siendo cada vez más frecuentadas. En el recogimiento y la soledad, anónimos vienen a reencontrar raíces, o buscan allí un refugio.


Furtivamente, ellos se deslizan por detrás de las columnas de la iglesia, silenciosa y desierta de día. Manteniéndose al margen de los oficios, encienden un cirio, se recogen discretamente y se eclipsan bien rápido. A veces, el sacerdote que pasa por allí, un poco intrigado delante de esas fisonomías desconocidas, se arriesga a abordarlos. “Cuando les hago un pequeño saludo, ellos no se atreven demasiado a responderme, se habla un poquito, pero tienen una pizca de temor”, explica el P. Claude Caill, cura en el centro de Brest (Finistère).

Si creemos a este Padre bretón y a sus colegas interrogados en diversas regiones, un cierto número de franceses acuden a la Iglesia o están de vuelta en ella después de los atentados terroristas que golpearon el país, en enero y en noviembre. “La iglesia estaba repleta, los dos domingos que siguieron al ataque de París, al igual que en Navidad. Después, ya no son las mismas multitudes, pero sigo notando nuevas caras”, constata el P. Bernard Brien, sacerdote en Perreux (Val-de-Marne), que les ha oído “decir lo mismo” a sus colegas de la diócesis de Créteil.

Apoyo de una comunidad

No se trata de multitudes, sino de individuos con motivaciones difusas. “Yo no diría que los atentados hayan aumentado las tropas de manera regular, pero hay ahí un nuevo cuestionamiento de fondo, personas que sienten más fuertemente la vulnerabilidad de la vida, que se interrogan frente a actos cometidos presuntamente en nombre de Dios”, analiza el P. Jean-Hubert Thieffry, cura de Sophia-Antipolis (Alpes Marítimos).

En esta búsqueda frecuentemente sin palabras, difícil de descifrar, algunos procuran un apoyo en la comunidad. “Hemos sentido la necesidad de comunicarnos con los otros”, confían los Fradin, un matrimonio de retirados de Turenne, que se han vuelto muy asiduos los domingos. “El Evangelio nos tranquiliza y nos saca un poco del sopor en que nos sumergen los diarios televisados”.

La mayoría son bastante jóvenes, entre 30 y 50 años, cultos pero conociendo poco —incluso casi nada— de la fe católica.

Thierry, jefe de empresa en Cannes, educado en una familia católica, se había apartado de la Iglesia en la adolescencia, pero el verano pasado, este soltero de 42 años, cuya vida era ritmada hasta entonces por su pasión del triatlón, ha experimentado un “electroshock interior” : “He reflexionado sobre estos atentados, en esta guerra que siento aproximarse, en estos migrantes que se van a pique intentando venir hasta nosotros… ¡¿No hay aquí un problema clamoroso?! Le falta sentido a la vida ”.

Thierry se acercó a una iglesia. Allí vio un aviso proponiendo el “recorrido Alpha” de redescubrimiento de la fe, que él ha seguido de setiembre a diciembre. Desde entonces va cada semana a Misa, donde, por coincidencia, ha reencontrado a su hermana, movida por las mismas interrogaciones. “Al comienzo —confiesa Thierry— mi pregunta era: ¿dónde está el brazo armado de la Iglesia? Yo buscaba en la religión un compromiso físico para organizarse contra agresores potenciales, que me habían parecido estar lejos y que hoy están entre nosotros”.

Crisis de valores

El miedo de los atentados, las interrogantes sobre Dios, sobre el Islam, la pérdida de puntos de referencia... Tal como para Thierry, esta búsqueda a tientas comporta a veces pesados contrasentidos al comienzo. En un clima de crisis de valores, las razones de este súbito retorno a la Iglesia son para algunos “claramente de identidad”, analiza el P. Geoffroy de la Tousche, sacerdote de Dieppe: “Para una familia, por ejemplo, el regreso [a la fe] está visiblemente asociado a un reflejo antimusulmán.

Otros expresan la necesidad de recuperar sus raíces, incluso de “defender nuestros valores judeo-cristianos”. Ghislain, 49 años, criador de patos en la Dordoña, padre de cuatro hijos, ha iniciado también él, desde hace algunos meses, un retorno a la Iglesia evocando “un comportamiento más decidido acerca de la religión” para responder al sentimiento de estar siendo “agredido.

¿Será esto una toma de conciencia debida a los atentados? “Puede ser —responde Ghislain—, pero yo estoy sobre todo indignado por la mala respuesta de nuestros políticos que quieren demoler nuestra cultura cristiana, en beneficio de una laicidad que no da ningún principio de referencia a nuestros hijos y nos lleva a un impasse! No me opongo al respeto por las otras religiones, pero ¿por qué rechazar lo que está en el fundamento de nuestra cultura y de nuestras familias?”.



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