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INTRÉPIDO DEFENSOR DEL MATRIMONIO INDISOLUBLE

San Teodoro: en Vísperas del Sínodo sobre la familia, ejemplo de fidelidad que indica el camino

Jueves 17 de septiembre de 2015

En el Sínodo Ordinario de obispos a realizarse dentro de pocas semanas, donde se tratarán temas de familia, una corriente eclesiástica propone relativizar la aplicación de la doctrina moral de la Iglesia sobre matrimonio bajo pretextos “pastorales”. No es la primera vez que esto ocurre. En el documentado artículo que sigue el renombrado historiador y académico italiano Roberto de Mattei evoca la figura de San Teodoro, cuyo coraje y fidelidad evitaron que un Sínodo de obispos, para congraciarse con el poder de turno, impusiera la admisión a la sagrada comunión de divorciados vueltos a casar.


SAN TEODORO Y EL “SÍNODO DEL ADULTERIO”

Roberto de Mattei (*)

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San Teodoro el Estudita, junto con su abad San Platón, plantaron cara a Constantino VI y a los patriarcas complacientes con su unión adúltera (Mosaico del siglo XI).

Con el nombre de “Sínodo del adulterio” pasó a la historia de la Iglesia una asamblea de obispos que, en el siglo IX, quiso aprobar la práctica del “segundo matrimonio” tras el repudio a la esposa legítima. San Teodoro Estudita (759-826) fue quien con más vigor se opuso, y por ello fue perseguido, preso y exiliado tres veces.

Un santo rechaza la comunión a divorciados

Todo comenzó en enero del año 795 cuando el emperador romano de Oriente (basileus) Constantino VI (771-797) hizo encerrar a su esposa María de Armenia en un monasterio e inició una unión ilícita con Teodota, dama de honor de su madre Irene. Meses después el emperador hizo proclamar “augusta” (emperatriz) a Teodota, pero al no conseguir convencer al patriarca Tarasio (730-806) para que celebrase el nuevo matrimonio, encontró por fin un ministro complaciente en el sacerdote José, prior del monasterio de Katara, que bendijo oficialmente la unión adúltera.

San Teodoro era entonces monje en el monasterio de Sakkudion en Bitinia, al norte de la actual Turquía. donde ejercía el cargo de abad su tío Platón, venerado también como santo. En una carta Teodoro recuerda que el injusto divorcio produjo una honda conmoción en todo el pueblo cristiano: “concussus est mundus” [1] y junto a San Platón protestó enérgicamente en nombre de la indisolubilidad del vínculo.

Al emperador —escribió Teodoro— debía considerárselo adúltero y al sacerdote José gravemente culpable por haber bendecido a los adúlteros y admitirlos a la Eucaristia. “Consagrando el adulterio”, decía, José se ha colocado contra la enseñanza de Cristo y ha violado la ley divina [2].

Para Teodoro debía condenarse asimismo al patriarca Tarasio quien, aunque no había aprobado la nueva unión, se había mostrado tolerante evitando tanto excomulgar al emperador como castigar al sacerdote José.

La Iglesia oriental y la indisolubilidad del matrimonio

La tolerancia del patriarca era típica de un sector de la Iglesia oriental que proclamaba la indisolubilidad del matrimonio, pero en la práctica demostraba cierta sumisión frente al poder imperial, sembrando confusión en el pueblo y suscitando la protesta de los católicos más fervientes.

Teodoro, basándose en la autoridad de San Basilio, reivindicó la facultad concedida a los súbditos de denunciar los errores del propio superior [3], y los monjes de Sakkudion rompieron la comunión con el patriarca por su complicidad en el divorcio del emperador. Estalló así la conocida “cuestión moiqueiana” (de moiqueia= adulterio) que enfrentó a Teodoro no sólo con el gobierno imperial, sino también con los propios patriarcas de Constantinopla.

El episodio, revelado hace algunos años el profesor Dante Gemmiti tras una cuidadosa reconstrucción histórica basada en las fuentes griegas y latinas [4], confirma cómo en el primer milenio del cristianismo —al contrario de lo que ahora algunos pretenden— la disciplina eclesiástica de la Iglesia de Oriente sí respetaba el principio de indisolubilidad matrimonial.

Persecuciones, arrestos y exilios

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Reconstrucción gráfica de la Constantinopla del año 1000 d.C. (Fuente: Desperta Ferro Ediciones)

En septiembre de 796 el emperador hizo detener a Platón y Teodoro con algunos monjes de Sakkudion. Fueron encarcelados y después exiliados a Tesalónica. Sin embargo, en Constantinopla el pueblo consideraba a Constantino un pecador que continuaba dando público escándalo y, siguiendo el ejemplo de Platón y Teodoro, la oposición aumentaba día a día.

El exilio de los santos religiosos duró poco porque el joven Constantino, víctima de un complot de palacio, fue mandado cegar por su madre, quien asumió las riendas del imperio. Irene hizo volver a los exiliados, que se trasladaron al monasterio urbano de Studion junto con gran parte de la comunidad de los monjes de Sakkudion. Teodoro y Platón se reconciliaron con el patriarca Tarasio que, tras la llegada de Irene al poder, había condenado públicamente a Constantino y al sacerdote José por el divorcio imperial.

Pero el reinado de Irene fue también breve. El 31 de octubre de 802 uno de sus ministros, Nicéforo, tras una revuelta palaciega, se proclamó emperador. Cuando al poco tiempo el patriarca Tarasio murió, el nuevo basileus hizo elegir como patriarca de Constantinopla a un alto funcionario imperial, llamado también él Nicéforo (758-828). Este convocó y presidió a mediados de 806 un sínodo, durante el cual reintegró en su cargo al depuesto sacerdote José. Teodoro, ungido entre tanto cabeza de la comunidad monástica de Studion tras el retiro de Platón a una vida de ermitaño, protestó enérgicamente contra la rehabilitación de José, y cuando éste retomó su ministerio sacerdotal también rompió la comunión con el nuevo patriarca.

La represalia no tardó en llegar. El monasterio de Studion fue ocupado militarmente; Platón, Teodoro y el arzobispo de Tesalónica, también llamado hermano José, fueron otra vez arrestados, condenados y exiliados.

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Miniatura bizantina del siglo XI que representa el monasterio de Studios.

El “Sínodo del adulterio” impugnado en nombre de la ley de Dios

El emperador convocó un nuevo sínodo que se reunió en enero de 809, al cual Teodoro calificó, en una carta al monje Arsenio de ese mismo año, como moechosynodus, que significa el “Sínodo del adulterio” [5]. Ese Sínodo de obispos pretendió inválidamente legitimar el segundo matrimonio de Constantino, confirmó la rehabilitación del sacerdote José y anatematizó a Teodoro, Platón y el hermano José, que fue depuesto de su cargo de arzobispo de Tesalónica.

Para justificar el divorcio del emperador, el Sínodo alegó el principio de la “economía de los santos” (tolerancia en la praxis). Pero para Teodoro ningún motivo podía justificar la transgresión de una ley divina. Remitiéndose a las enseñanzas de San Basilio, de San Gregorio Nacianceno y de San Juan Crisóstomo, declaró sin fundamento en las Escrituras la disciplina de la “economía de los santos”, según la cual en ciertas circunstancias se podía tolerar un mal menor, como en este caso el matrimonio adúltero del emperador.

Polémica de Teodoro contra los enemigos de las imágenes

Algunos años después el emperador Nicéforo murió en una guerra contra los búlgaros el 25 de julio de 811, y ascendió al trono otro funcionario imperial, Miguel I. El nuevo basileus hizo volver del exilio a Teodoro, que se convirtió en su consejero de mayor confianza.

Pero la paz duró poco. En el verano de 813, los búlgaros infligieron una dura derrota militar a Miguel cerca de Adrianópolis y el ejército proclamó emperador a León V llamado el Armenio (775-820) quien era iconoclasta (contrario al culto de las imágenes).

Teodoro asumió entonces la conducción de la resistencia contra los iconoclastas. De hecho, el santo se distinguió en la historia de la Iglesia no sólo como el intrépido opositor al “Sínodo del adulterio” sino también como uno de los grandes defensores del culto a las imágenes sagradas.

Así, el Domingo de Ramos de 815 se pudo asistir a una procesión de mil monjes del Studios que dentro de su monasterio, pero bien a la vista de todos, portaban iconos sagrados cantando solemnes aclamaciones en su honor. La procesión desencadenó la reacción de la policía. Entre los años 815 y 821 Teodoro fue varias veces flagelado, encarcelado y exiliado en distintos lugares de Asia Menor. Al final volvió a Constantinopla, pero no al monasterio, estableciéndose con sus monjes en la otra parte del Bósforo, en las islas Príncipe, donde falleció el 11 de noviembre de 826.

San Teodoro, como San Juan Bautista

El “non licet” (“No te es lícito” - Mt. 14, 3-11) con que San Juan Bautista increpó al rey Herodes por su adulterio ha resonado varias veces en la historia de la Iglesia. San Teodoro Estudita, un simple religioso que osó desafiar el poder imperial y la jerarquía eclesiástica prevaricadora de su tiempo, puede ser considerado uno de los protectores celestiales de quienes también hoy, frente a las amenazas de cambio en la praxis católica sobre el matrimonio, tienen el valor de repetir un inflexible non licet.

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¿Qué nos deparará el próximo Sínodo de la Familia de octubre de 2015?

(*) “Corrispondenza Romana”, 26-08-2015 - http://www.corrispondenzaromana.it/san-teodoro-studita-e-il-sinodo-delladulterio/

[1Epist. II, n. 181, in PG, 99, coll. 1559-1560CD.

[2Epist. I, 32, PG 99, coll. 1015/1061C.

[3Epist. I, n. 5, PG, 99, coll. 923-924, 925-926D.

[4Cfr. Dante GEMMITI, Teodoro Studita e la questione moicheiana, Libreria Editrice Redenzione, Marigliano, 1993.

[5Epist. I, n. 38, PG 99, coll. 1041-1042c.



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