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SORPRESA EN GRAN BRETAÑA

Triunfo conservador, bolas de cristal y la princesita

Luis Dufaur

Viernes 19 de junio de 2015

El Partido Conservador de Gran Bretaña obtuvo en las recientes elecciones una resonante e inesperada victoria, conquistando mayoría absoluta en el Parlamento (331 de 650 escaños). El electorado desmintió por completo a las encuestas y las "bolas de cristal" de las proyecciones computarizadas. En este artículo enfocamos la probable relación de este hecho con los últimos sucesos que alegraron a la familia real británica y suscitaron el entusiasmo de la población.

Como todos saben, el Partido Conservador de Gran Bretaña obtuvo en las elecciones del 7 de mayo pasado una resonante e inesperada victoria, conquistando la mayoría absoluta de escaños en el Parlamento (331 de 650), y reeligiendo así al primer ministro, David Cameron.

La victoria fue descrita como "triple nocaut" por un diario brasileño [1], pues obligó a que los líderes de los otros 3 principales partidos —Partido Laborista (izquierda), Demócratas Liberales (centro) y UKIP (extrema derecha)— renunciaran a sus cargos como única salida tras la humillante derrota. La excepción fue el Partido Nacional de Escocia (SNP), de tendencia izquierdista y separatista, que se llevó 56 de los 59 escaños reservados a Escocia, en detrimento del Partido Laborista, también de izquierda.

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El Primer Ministro David Cameron celebra la victoria en las elecciones junto a su esposa y colaboradores más cercanos.

A pesar de que era tenido como una fuerza en ascensión, el Partido Laborista perdió 26 curules y quedó con 99 menos que su rival conservador. El partido de los Demócratas Liberales, de la coalición de gobierno, quedó con apenas ocho asientos, pues perdió 49. El Partido por la Independencia del Reino Unido (UKIP), que en 2014 había llevado el mayor número de diputados al Parlamento Europeo, esta vez sólo consiguió uno.

Es de notar que el victorioso primer ministro Cameron sufría el desgaste propio de fin de mandato, y además había presentado propuestas consideradas antipáticas: austeridad fiscal, equilibrar las cuentas públicas, y la promesa —esta sí, popular, pero abominada por el establishment político y mediático— de realizar un plebiscito que puede llevar a que Gran Bretaña se retire de la Unión Europea. Pero aún así triunfó gracias al llamado "alzamiento de los conservadores" como señaló otro diario brasileño [2]. Dicho levantamiento fue un reflejo en el Reino Unido de una tendencia hoy imperante en muchos países.

Así, el resultado fue extraordinario para los conservadores, calamitoso para los laboristas, funesto para los Demócratas Liberales, destructivo para el UKIP, y apenas lo previsto para los nacionalistas escoceses.

Humillante fiasco de las encuestadoras

La peor derrota, sin embargo, fue la sufrida por los institutos de encuestas de opinión, que vaticinaron al unísono una disputa muy reñida y un futuro incierto para un país dividido, después de un gobierno conservador considerado antipático y controvertido. El electorado desmintió por completo estas proyecciones tendenciosas.

Desde hace mucho tiempo, las “bolas de cristal” de los cuentos de hadas han sido sustituidas por complicados algoritmos procesados por computadoras de ignotos programadores. Pero estas sofisticadas máquinas están perdiendo su brillo, más o menos por todas partes. Y a los ingleses no les gustan para nada números erróneos, así como no les agradan los trenes ni relojes atrasados. El fiasco de los institutos de opinión está generando una fuerte autocrítica, que ojalá sirva para apartar en el futuro la posibilidad de nuevas distorsiones de los procesos electorales (como han ocurrido en otros países, dicho sea de paso...).

Lo cierto es que todos se equivocaron: reputados institutos internacionales y nacionales se alejaron por demás de los márgenes de error aceptables [3]. El oráculo falló. Y los especialistas en modelos matemáticos aplicados a las ciencias políticas no saben explicar el fracaso. Se alega que los cambios de opinión de última hora, no captados por las encuestas, habrían burlado las predicciones. Pero nadie revela cómo se provocó esta mutación sorprendente.

Jubiloso nacimiento real y el filón conservador británico

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Traslado y entierro de los restos mortales del rey católico Ricardo III, en marzo de 2015.

Desde el punto de vista cultural, histórico, tendencial y religioso, la opinión británica está dividida al interior de los tres reinos que componen el país en dos bloques radicalmente divergentes, que por ahora conviven pacíficamente día a día.

De un lado está el bloque de los herederos de la revolución protestante, sensual e igualitaria, divididos entre una mayoría de anglicanos moderados y una minoría de presbiterianos fanáticos. Ellos prepararon la revolución industrial del siglo XVIII y la transformación del campesinado en proletariado masificado en el siglo XIX, concentrado en las ciudades industriales de chimeneas humeantes, en las cuales Marx soñó reclutar a los soldados de la lucha de clases comunista. Más tarde estalló la revolución cultural anárquica del siglo XX, simbolizada por la música de los Beatles y los Rolling Stones, que eclosionó cual burbuja nauseabunda en ese ambiente de pantano en descomposición. Por supuesto que ese bloque psico-cultural del Reino Unido elige la izquierda al momento de votar.

Del otro lado, hay un amplio bloque, que se reconoce en la veneración de la Corona británica, sus ceremonias y su esplendor jerárquico y paternal. Recientemente este bloque vibró con el descubrimiento y posterior entierro de los restos mortales del rey católico Ricardo III (1452-1485), el último monarca medieval y postrer miembro de la dinastía de los Plantagenet, sustituida por la dinastía Tudor que precipitaría el reino en el protestantismo. Desde luego, esta veta psicológica y moral se inclina hacia las instituciones, los estilos y las propuestas conservadoras.

Obviamente esta división está simplificada para efectos de la exposición. Pues es evidente que, incluso entre los izquierdistas, hay un número no despreciable de adeptos a la Corona.

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Su Alteza Real la Princesa Carlota de Cambridge y su hermano el Príncipe George.

En la víspera de las elecciones, la familia real alegró intensamente a ese bloque conservador con el nacimiento de Charlotte Elizabeth Diana, hija de William, Duque de Cambridge, y su esposa Catherine, y por tanto bisnieta de la reina Isabel II. Mientras el coro de la Real Artillería cantaba Isn’t she lovely? (“¿No es amorosa?”) en el Hyde Park y la Torre de Londres, 124 cañonazos celebraron el feliz acontecimiento: ¡La corona más prestigiosa de la Tierra tenía un continuador más de su pasado multisecular!

La pequeña princesa nació con atraso, pero en perfecto estado de salud. No hubo aspecto del acontecimiento que no quedara envuelto por el prestigio, por la condición real de los padres, o que no fuese objeto de enternecida y prolongada consideración. En los navíos de la flota de Su Majestad, los marineros formaron en la cubierta la palabra SISTER (hermana). La recién nacida fue presentada al mundo apenas diez horas después de nacida y es ahora Su Alteza Real la Princesa Carlota de Cambridge. Para homenajear a su bisnieta, la reina Isabel II asistió a una ceremonia vestida de rosa.

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Los marineros forman en la cubierta la palabra SISTER (hermana).

La popularidad de la familia real británica se mantiene en las encuestas por encima del 70%, apoyada principalmente por el aprecio que le tiene este filón conservador. Cerca de la clínica, Margaret Tyler, una mujer del pueblo, llevó una botella de champán a los reales progenitores y declaró a la prensa: “Estoy aquí porque la Reina se encuentra en el Palacio de Buckingham por nosotros”. Compartiendo la alegría real, este filón se sintió reconfortado por la venida al mundo de la enternecedora princesita.

Los espíritus sagaces no dejan de sopesar estos movimientos colectivos de alma al analizar los grandes cambios de la Historia. —¿Habrá pesado el feliz acontecimiento real en la sorprendente victoria del conservadurismo político inglés?


[1"Folha de Sao Paulo", 09/05/15

[2"O Estado de S. Paulo", 09/05/15.

[3Cfr. "O Estado de S. Paulo", 09/05/15.



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