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ANTE LA AGRESIÓN DEL EXTREMISMO ISLÁMICO

¿Y por qué no una Cruzada?

Alejandro Ezcurra Naón

Lunes 29 de septiembre de 2014

A medida que se van conociendo las horrendas masacres perpetradas por los terroristas del autodenominado "Estado Islámico" y congéneres contra cristianos del Asia Menor y África, crece la indignación en la opinión de Occidente. Y muchos comienzan a preguntarse si no debería convocarse una nueva Cruzada en defensa de esos pueblos, víctimas de una inédita guerra de exterminio en nombre de Alá.

La palabra “Cruzada” puede causar escalofríos a liberales, como también a católicos picados por la mosca del relativismo progresista. Unos y otros han procurado estigmatizarla asociándola al abuso, a la codicia, al afán de dominio político, etc. Pero felizmente el intento ha sido vano.

Si bien hubo cruzados indignos de ese nombre, el prototipo del Cruzado es uno solo: el Caballero cristiano, cuyo idealismo y virtudes mil veces comprobadas lo convirtieron en un paradigma, un modelo de hombre de honor perfecto y acabado, inigualado en la Historia.

Y de tal manera la gesta de las Cruzadas quedó asociada a los valores de la Caballería, que hasta hoy perdura en el imaginario de Occidente aureolada de merecido prestigio. Al punto que el mayor elogio que se puede hacer de las cualidades morales de un hombre es decir: “Fulano es un caballero”.

En el origen de las Cruzadas, la defensa de los cristianos oprimidos

Al contrario de lo que se quiere hacer creer, las Cruzadas nacieron como defensa de las poblaciones cristianas en situación de debilidad, frente a las agresiones, abusos y vejámenes sin cuenta cometidos contra ellos por los musulmanes (en todo similares a los que comete hoy el "Estado Islámico").

La noticia de esos abusos movió al Papa Urbano II a convocar en 1095 el Concilio de Clermont, al que asistieron 300 obispos y miles de nobles. Allí, el relato de la terrible situación de los peregrinos y habitantes cristianos de Tierra Santa, agredidos y oprimidos por el poder musulmán, y de las profanaciones contra los lugares santos, determinó que al grito de Deus vult! (“¡Dios lo quiere!”), un viento de coraje y decisión recorriese las filas de los caballeros presentes, y se propagara enseguida por Francia y Europa.

Miles decidieron hacer un voto de Cruzada y partir para Tierra Santa. Nació así la primera Cruzada, que culminaría victoriosamente en 1099 con la conquista de Jerusalén, arrebatada a los egipcios por el legendario Godofredo de Bouillon y la flor de la nobleza francesa.

Una gesta impulsada y protagonizada por santos de la Iglesia

Los críticos de las Cruzadas, ávidos de encontrarles defectos, olvidan que lo esencial de esa gesta fue la justicia de su objetivo, servido por la santidad de sus impulsores y protagonistas. Santo fue el propulsor de la Primera Cruzada, el Bienaventurado Urbano II; santo fue el Doctor Melifluo, San Bernardo de Claraval —a quien se debe la bellísima oración del “Acordaos...”—, que les dio la regla de vida a los Caballeros Templarios, incluyendo el famoso voto de no retroceder en el campo de batalla; santos fueron los reyes Cruzados San Luis IX de Francia (¡que comandó no una, sino dos Cruzadas!) y su primo español, San Fernando III de Castilla, que con ímpetu arrollador recuperó en pocos años media España a los moros, incluyendo Córdoba y Sevilla.

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San Juan de Capistrano. Es generalmente representado con la bandera con la que animó a luchar a los soldados cristianos en el cerco del Belgrado.

Santo fue también el heroico fraile franciscano San Juan de Capistrano, llamado “el padre piadoso”, que a riesgo de su vida alentó a los cruzados en pleno campo de batalla y contribuyó decisivamente a la victoria contra los turcos en Belgrado (1456); santo fue asimismo el Papa San Pío V, organizador de la gran cruzada naval que, en el Golfo de Lepanto, en 1571 quebró definitivamente el poderío naval de los turcos; santo fue igualmente el Bienaventurado Inocencio XI, que convocó la Cruzada contra los turcos que asediaban Viena (1683). Con él cooperó en la empresa otro beato franciscano, Marcos de Aviano, quien ayudó a organizar el victorioso ejército cristiano que, tres veces inferior en número (60 mil contra 180 mil), derrotó a los turcos y acabó para siempre con la amenaza terrestre otomana sobre Europa central.

Podríamos citar aún muchos otros santos con espíritu de cruzados, como el caritativo San Vicente de Paul, que impulsaba un proyecto de Cruzada al norte de África para acabar con los piratas y secuestradores magrebinos, cuando le sorprendió la muerte.

San Francisco de Asís defiende las Cruzadas e insta al sultán a convertirse

Alguien podrá objetar: "No entiendo a Juan de Capistrano y a Marco de Aviano. ¿Cómo es posible que pacíficos santos franciscanos se envuelvan en una Cruzada? ¿No es contradictorio con su vocación de hombres de paz?".

Respondemos: ¡de ninguna manera! Estando la Cristiandad en peligro, ¿qué más lógico que defenderla y apoyar a los que la defienden? Tanto es así que el mismo San Francisco de Asís dio el ejemplo a sus frailes: él acompañó al Rey San Luis en la séptima Cruzada y tuvo el coraje de proclamar su legitimidad... ¡delante del propio sultán de Egipto!

Este lance de santa osadía ocurrió en 1219, cuando el sultán Malik al-Kamil recibió a San Francisco en Damieta. Así narra el episodio su compañero de incursión, Fray Illuminato:

“El Sultán le presentó [a San Francisco] otra cuestión: «Tu Señor enseña en los Evangelios que no se debe devolver mal por mal, y que incluso no debes negar el manto a quien quiera quitarte la túnica. Por tanto, ustedes los cristianos no deberían invadir nuestras tierras».

“A lo que le respondió el Beato Francisco:

«Me parece que no has leído todo el Evangelio. En otros pasajes, en verdad, está dicho: ’Si tu ojo te es ocasión de pecado, arráncatelo y arrójalo fuera de tí’. Con esto Jesús quiso enseñarnos que en el caso de haber un hombre o pariente, por más querido que sea para nosotros, aunque fuese tan querido como la niña de nuestros ojos, si nos tentara para apartarnos de la fe y del amor de nuestro Dios debemos estar resueltos a separarlo, a alejarlo, a erradicarlo de nosotros. Por todo esto, los cristianos obran según la justicia cuando invaden vuestras tierras y les combaten, pues ustedes blasfeman del nombre de Cristo y porfían en apartar de la religión de Él a todos los hombres que pueden. Sin embargo, si tú quieres conocer, confesar y adorar al Creador y Redentor del mundo, te amaré como a mí mismo».

“Todos los presentes quedaron tomados de admiración por su respuesta” [1].

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San Francisco delante el Sultán Malik al-Kamil. Fra Angelico ca. 1429, Lindenau Museum, Altenberg.
* * *


Los Santos son propuestos por la Iglesia como modelos a imitar. Cuando hasta el mismo San Francisco de Asís justifica plenamente, en nombre del Evangelio, la Cruzada contra quienes utilizan la violencia para arrancar de las almas la fe de Jesucristo, nada impide en principio que los católicos lo imitemos. Es lo que nos enseñan la doctrina de la Iglesia y el ejemplo de sus santos.

Siendo así, ¿no será una Cruzada lo que Dios pide en este momento a las naciones occidentales y aún cristianas, para atajar el extremismo islámico y evitar al mundo males mayores?


[1“Fonti Francescane”, Sección Tercera, Otros testimonios franciscanos, N° 2691, disponible en http://www.ofs-monza.it/files/altretestimonianzefrancescane.pdf



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Comentarios

  • No se puede en los términos planteados en la pregunta al final de su artículo, porque faltan varios elementos presentes en las cruzadas; los reyes cristianos, la cultura cristiana y la espiritualidad común del pueblo cristiano, la cruzada de hoy es distinta es de rosarios, de testimonio y de recristianización de esos elementos de los que carecemos para hacer una cruzada. Aunque no descarto una acción motivada por naciones y gobiernos católicos y no por el esperpento Obama

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    • Nicolás, si la opinión pública no les exige, los gobernantes no actuarán como es debido contra el extremismo del “Estado Islámico”. Hay que explicar que esos fanáticos están en guerra religiosa, quieren acabar con la fe de Jesucristo y la propia libertad de conciencia. Con datos y hechos se puede despertar a la gente. Si no, los políticos harán como Rajoy en España con los pro vida: para ser electo les prometió reformar la ley de aborto, y después les obsequió un “3 D”: Defraudación, Decepción, Deserción...

  • Creo que en el texto se aportan datos muy interesantes e importantes, los cuales se agradecen, acerca de un tema tan polémico para muchos, ciertamente tratados por el Magisterio y contemplados a la luz de la Tradición y la Escritura. No obstante es importante tener en cuenta que el Magisterio cuando habla del concepto de "guerra justa" aclara que dicho término era correctamente utilizado y llevado a cabo hasta la mitad del s. XIX, no obstante el primero en poner en duda si seguía siendo tan "justa" fue el papa León XIII (creador de la Doctrina Social de la Iglesia con su encíclica Rerum Novarum) y después, en especial, el papa Pablo VI y el papa san Juan XXIII. Puesto que en pleno s.XXI con lo medios que se disponen y se pueden utilizar (Boicots internacionales, condena de venta de armas, etc., y muchos más) y de los cuales, en diversos comunicados la Santa Sede ya ha comentado y el mismo Papa también, sería un error tomar las armas por tomarlas y declarar la guerra. Claro está que debemos defendernos legítimamente contra las agresiones injustas en eso no hay duda.
    Solo a modo de aporte. Gracias por la labor que hacen, saludos.

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    • Conforme el Código de Derecho Canónico (§ 2308), es justa la guerra defensiva proporcionada al ataque sufrido. En ese sentido una Cruzada hoy sería de por sí una guerra justa. Pues el "Estado Islámico" quiere imponer por la violencia un pensamiento único, que suprima no solamente la Fe cristiana, sino hasta la propia libertad de conciencia: en materia religiosa, ¡prohibido pensar, o mueres degollado, crucificado o ametrallado!

  • Si estaria bien ir en ayuda de esos perseguidos, que el papa convoque, a todos los catolicos del mundo,y aqui estoy yo, por lo pronto a orar. Ya sabia que era valida una lucha lucha en defensa de los cristianos perseguidos.

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  • Primero, que artículo tan esclarecedor, creo que el testimonio de los santos, sobre un tema llevado a controversial, es necesario de tomar en cuenta, para dejar de ser unilateral en el conocimiento de la historia, pues la mayor parte de opiniones difundidas estan plagadas de relativismo moral o progresista .
    Ante las terribles noticias, del padecimiento de los cristianos al otro lado del mundo, se me ha ocurrido, en lo personal, que no es suficiente una cruzada. Para mi la primera cruzada sería la de sacudir mi "hombre viejo" y ser radical, buscando la consecuencia en mis actos, con la fe. Esto no debe ser lastre para iniciar una segunda, enfrentar en casa a los "paraislamicos", me refiero a los marxistas en todas sus expresiones (quieren lo mismo que los islamicos, asesinar al cristiano, pero con otras armas, las ideológicas, promoviendo el relativismo moral, etc). Creo que en estos combates los escuderos podriamos llegar a caballeros y así fortalecidos, subir al barco que nos lleve mas lejos, a empezar una tercera, por supuesto.
    En verdad, me entristecen las últimas noticias, espero no ser grosero, pero en nuestra propia patria tambien se asesinan cristianos, roba la fe, que alguien que se diga cristiano, este a favor del divorcio, del aborto, de la corrupción, del narcotráfico. No quiero hacer eso.

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  • Bien! primero oración para continuar con la acción. A mayor gloria de Dios!
    En espera de alguna convocatoria de la Santa Sede.

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  • Para empezar, me alegra que hayan gobiernos que ya han decidido afrontar el peligro del avance del EI en Siria y otros países de esa vecindad. Y hace buen rato que están combatiéndolos militarmente, y como la diferencia tecnológica entre ambos rivales es manifiestamente favorable a "los nuestros", me parece que la victoria está asegurada.
    Lo que me parece muy urgente, es que no nos durmamos en esos laureles y empecemos la otra cruzada : Esa de cruzarnos abiertamente y sin complejos en el camino de los "progresistas", que mucho siguen logrando en su avance a favor del relativismo moral.
    Esa cruzada creo que es crucial y muy importante, para que los católicos no caigan tan fácilmente en el engaño de los "progresistas".
    Entonces, la tarea es solidificar las enseñanzas de nuestra iglesia en el sentido de ENSEÑARLAS Y PROPAGARLAS en todos los ámbitos en el que desarrollamos nuestras vidas.

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  • El mayor obstáculo para una Cruzada hoy son, precisamente, y valga la redundancia, los "reyes" de hoy: Obama, Hollande, Putin, Cameron, etc. etc. etc.; la O.N.U., la O.T.A.N.: ¿puede alguien pensar, sin traicionar y escandalizar su conciencia, su razón y su fe, que éstos son los defensores de la Cristiandad? ¡Pero si son servidores de los últimos y más despiadados destructores!
    Creo, no sin dolor, que estamos ante un panorama sumamente sombrío. Leyes inicuas por doquier, mentalidad torcida generalizada, prácticas inmorales arraigadas, aceptación social del pecado, política anti católica, Jerarquía y liderazgo indolente...
    El Católico hoy, para conservar la Fe -esa que escaseará, hasta casi perder su evidencia, mientras se acerque Ntro. Señor- debe apartarse, abstenerse y, en fin, no mezclarse con los criterios, directrices y emprendimientos de los mundanos, aun cuando eso signifique quedar solo y perseguido.
    Ntro. Señor dio el mayor ejemplo de consecuencia: para llegar al suplicio de la Cruz, por el camino del tormento, ¿se ahorró acaso la incomprensión, el abandono, el escarnio público, el rechazo casi total y absoluto, el desprecio "político y religioso" y la derrota, no final, pero no menos cierta y real, sellada con Su muerte?
    La Cruzada más efectiva se hará cuando los católicos nos juntemos, en pie de guerra, organizados, masiva y públicamente, para rezar el Sto. Rosario en las plazas y calles de nuestras ciudades, día tras día, y dejar que sea la Señora, la Reina y Madre María, la que obre como le ha sido concedido, dejando, si fuera necesario, la vida, por decir un último Ave María, llena de gracia...

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  • Realmente la idea es muy buena. El problema es su ejecución. Lo que sí podría hacer la Iglesia, si tuviera santos en su jerarquía, sería hacer una gran campaña en Europa y América, movilizando a la O.pública de esos países para que presiones sobre sus respectivos gobiernos para que intervengan militarmente en las zonas donde la banda criminal del EI está actuando, en defensa de los católicos y de otras minorias religiosas o políticas y, como presión propia, hacer una gran colecta en todo el mundo para comprar armas y alimentos para los defensores de enclaves que aún no hayan caído bajo las garras de ese estado asesino. y, por último combocar a lo que queda de la nobleza europea para que lidere la formación de otros tantos Cruzados dispuestos a ir a esas zonas a luchar y defender los restos de católicos y de otras religiones. Con que resultados? Crearían una gran empatía con la Iglesia por "jugarse" de esa manera y, con esto, las posibilidades de convertir a muchos , sería enorme. Ahora, influenciar a la OP es muy posible; conseguir donantes para apoyar a los defensores de ciudades y pueblos sitiados y, por último, convocar los restos de nobleza para que oficien de "cabeza de puente", también es posible. Que estaría faltando? Espíritu de FE y, por lo tanto, santidad!

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    • En estos tiempos de paganización o secularización hablar de cruzada es dificil, y por lo mismo que se acepte como tal, pero si reclamar por derechos humanos la intervención armada a las Naciones Unidas para acabar con esta atrocidad y barbarie. Y apoyarla eso sí todos los creyentes con nuestras oraciones y ayuno como lo pide la Virgen en Medugorie. Que Dios los bendiga.

  • Siento una profunda indignación por lo que el estado Islámico está haciendo.
    Yo no creo que adoremos al mismo Dios, porque tanto judíos como cristianos creemos en que el señor nunca hace cosas sin sentido.
    En cambio Alá parece ordenar cosas por simple capricho y eso lo vuelve una deidad diferente, similar a las paganas.
    Pero lo que más me indigna soy yo mismo, por no poder ir a detener a esos monstruos que se escudan en su fe para cometer actos atroces.
    ¿Porque nadie hace nada? ¿Es que vivimos en un mundo de cobardes? ¿O es que nadie se mueve si no es para defender pozos petroleros?
    Sí, yo creo que una cruzada es necesaria, y una fuerte. Es necesario ir y luchar hasta la muerte si es necesario, pero no por un rió o un pozo de petróleo, sino para dejar en claro que los cristianos no permitiremos que nos exterminen. Hay que luchar por nuestro derecho a vivir en Cristo, a creer en el único Dios y actuar en consecuencia.
    Mi gobierno me avergüenza por no hacer nada, la ONU me avergüenza por no hacer nada y me avergüenzo yo mismo por no poder ir ahora mismo, hacer algo y poder morir contento de haber luchado por algo significativo.

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  • En México diríamos una Cristiada o una guerra cristera; término más actual.

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