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ANTE LAS NEGOCIACIONES CON LA GUERRILLA COLOMBIANA

El mito de la paz con las FARC, una verdadera defección

Miércoles 17 de septiembre de 2014

El presidente colombiano Juan Manuel Santos se está perfilando cada vez más como un gobernante autodemoledor y entreguista, un verdadero “Kerensky colombiano”. Las negociaciones de paz que lleva obstinadamente a cabo con las FARC se han convertido en un show mediático, que ahora incluye hasta seudovíctimas elegidas a dedo para exculpar a la guerrilla. El Centro Cultural Cruzada, de Medellín, ha publicado un lúcido pronunciamiento denunciando ese show y llamando a la vigilancia.

El documento dado a conocer el 12 de septiembre señala que las nuevas rondas de negociaciones con las FARC, en curso en La Habana, se caracterizan por “mayores engaños” a la opinión pública, y demuestran que en este segundo gobierno Santos se violan compromisos asumidos de no hacer concesiones que comprometiesen el modelo de sociedad vigente, los cuales fueron considerados “puntos innegociables”.

Sin embargo, prosigue el texto, hoy “tales puntos se olvidaron y la comisión que representa al Estado usa la estratagema de admitir que el País sea culpable por crímenes cometidos por el narcoterrorismo comunista, que sembró de dolor nuestro suelo, dejó más de 6 millones de víctimas y destrozó dramáticamente nuestro tejido social en el campo y en la ciudad”.

Sin embargo, agrega, el Presidente parece suponer que “el Estado, la sociedad, la Iglesia y todos los colombianos fuimos responsables de esa pesadilla de injusticias y crímenes con que la guerrilla nos atribuló; y cuánto más los militares, que heroicamente protegieron con sus vidas a los colombianos de bien pero ahora son presentados como criminales a quienes, cuando mucho, se les podría permitir que optasen a beneficios judiciales en igualdad de condiciones que los guerrilleros”.

“Ese cuadro nuevo, enteramente deformado e injusto, permite a los terroristas que impongan su imagen de ’víctimas’, usurpando con desfachatez la autoridad del inocente”. Esto constituye una “escandalosa inversión de valores”, que se sirve de una inmensa propaganda mediática “para imponer al País que asuma una actitud de pedido de perdón y aceptación de culpas por faltas que nunca cometió. Y los organismos internacionales entran en escena para corroborar esa supuesta necesidad y darla como oficialmente válida”.

Dicho sea de paso, cómo esto nos recuerda a los peruanos ciertas actitudes persecutorias de la CIDH hacia nuestras Fuerzas Armadas, con el aplauso de todo cuanto era CVR, IDL y congéneres...

“La confusión que esto produce –continúa el documento– favorece a las FARC que, cada día más, se presentan como magnánimas promoviendo una ’reconciliación’ con sus víctimas, propiciando un perdón y olvido totales, pero sin reconocer culpa alguna en siete décadas de crímenes continuos.

“Sus 6 millones de víctimas son representadas por quienes de hecho no las representan, pero ofrecen en su nombre un perdón que no tiene realidad alguna y sólo sirve para un show de pseudo reconciliación”.

El editorial del Centro Cultural Cruzada pregunta entonces:
“¿Dejarán las armas los guerrilleros? –No, porque creen que sería humillante para ellos. ¿Pedirán perdón? –¡No, porque están dispuestos, tan sólo, a recibir pedidos de perdón! ¿Pagarán cárcel por sus crímenes? –Lo rechazan totalmente. ¿Repararán los daños morales y económicos de sus víctimas? –Que los pague el Estado, o sea, el País entero. ¿Tendrán enmienda? –¡Ni la más mínima que vaya más allá de una comedia pasajera!”

Y agrega: “Sin verdad ni reconocimiento de sus crímenes, sin justicia ni reparación, sin arrepentimiento de ningún género, es imposible una reconciliación verdadera. Y sin ésta no habrá verdadera paz, pues el grito de las víctimas seguirá clamando la verdad entera que el puñado de sus falsos representantes en la Habana calló que para se hundiese en el olvido”.

Esa situación es causada por lo que el documento llama “la defección del Kerensky colombiano: la falaz interpretación de los hechos”, con la que se pretende legitimar el modelo de sociedad que las FARC trataron de imponer por la violencia; “y es para allá que nos dirigimos con las capitulaciones y las maniobras psicológicas. De un modo u otro, los fusiles narco-guerrilleros no callarán, seguirán retumbando para exigir por la violencia que el gobierno del país les sea entregado para aplicar la siniestra utopía comunista”.

“La verdadera paz sólo puede darse con la rendición o la derrota total de la narco-guerrilla”, agrega el documento, recordando que ese objetivo estuvo a punto de lograrse en el 2010, y es aún posible, como sostiene el actual Comandante en Jefe de las Fuerzas Militares de Colombia, Gral. Juan Pablo Rodríguez, “si se permite a las fuerzas militares cumplir libremente su deber; ¡pero para eso no pueden estar de manos atadas!”

“Esa auténtica paz —concluye la declaración— hará volver a nuestra sufrida Patria a las vías de la armonía y del progreso que tanto deseamos y que esperamos que nos sean concedidas, no por confabulaciones efectuadas por detrás de los bastidores, sino por la intransigencia sana, recta y patriótica, gracias a la misericordia de Nuestra Señora de Chiquinquirá, Patrona de Colombia”.

El esclarecedor editorial tuvo amplia repercusión, incluso en altas esferas eclesiásticas. En menos de una semana recibió miles de lecturas, más de 80 sitios y blogs de internet lo reprodujeron íntegramente, y generó así una saludable discusión.

El texto completo del documento puede verse en:
https://www.facebook.com/notes/centro-cultural-cruzada/ante-las-negociaciones-con-la-guerrilla-colombiana-el-mito-de-la-paz-y-la-verdad/874157022594458



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Comentarios

  • La foto del artículo es muy afortunada. Representa, ni más ni menos, la personalidad cínica de este individuo narcisista, cuya única ambición es figurar en las páginas de la historia como el presidente de la paz.
    No importa que haya que ejercer sobre los ciudadanos una de las más detestables formas de presión para que voten SÍ a los convenios de Cuba, según los cuales las farc se adueñan del país y se les facilita imponer su política comunista: nosotros los cabecillas nos enriquecemos fabulosamente, a los demás colombianos los despojamos de todo con el discurso de que los bienes son colectivos, y obtendremos el apoyo de la clase pobre, que es la más numerosa.
    La referida estrategia detestable de presión consiste en que los asesinos narcoterroristas continúen con sus atroces actos criminales, para que el público crea que, si apoyan lo acordado en Cuba, estos actos no ocurrirán jamás.

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