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ESCLARECEDORA ENTREVISTA

¿“Primavera árabe”, u “otoño” de la civilización?

Jueves 1ro de noviembre de 2012

magdi allam_2Magdi Allam nació en El Cairo, Egipto, el 22 de abril de 1952. Su madre, a pesar de ser musulmana practicante, lo confió a una religiosa comboniana a la edad de cuatro años. Más tarde decidió que estudiara con los Padres salesianos, de los cuales su hijo recibió la influencia de la cultura y la civilización occidentales. En 1972 se mudó a Italia, donde se graduó en sociología en la Universidad La Sapienza, de Roma.
De 1978 a 2003 fue comentarista del diario “La Repubblica”, más tarde periodista, y después subdirector del más prestigioso diario italiano, el “Corriere della Sera” de Milán. Musulmán durante 56 años, Allam se convirtió pública y oficialmente al catolicismo en la Pascua de 2008, cuando —en una memorable ceremonia de repercusión mundial— recibió el bautismo de manos del propio Papa Benedicto XVI en el Coliseo Romano, añadiendo a su primer nombre el de Cristiano.
El 2010 fue elegido diputado al Parlamento Europeo y el 2011 fundó el partido político independiente Io Amo L’Italia (Yo amo a Italia). Casado con una católica fervorosa y convencida como él, Magdi Allam asumió firmes actitudes contra el relativismo religioso.
No titubeó en abandonar el Partido Popular Europeo, a fines de 2011, debido a la adhesión de un significativo número de sus partidarios a la ignominiosa causa del aborto. La presente entrevista fue concedida recientmente en Bruselas, para la revista “Catolicismo” del Brasil.

* * *

“Catolicismo” — ¿Cómo considera usted la llamada “Primavera Árabe”? ¿Este movimiento está destinado a tener un resultado bueno o malo?

Magdi Allam — En el Evangelio de San Lucas está escrito: “No hay árbol bueno que dé malos frutos, no hay árbol malo que dé buenos frutos. Todo árbol de hecho se conoce por sus frutos”. Por lo tanto si fuéramos a evaluar la llamada “Primavera Árabe” por sus frutos, debemos concluir que no se trata de un árbol bueno. Los islamitas están hoy realmente en el poder en casi toda la cuenca meridional del Mediterráneo, mientras que al mismo tiempo se consolida el terrorismo islámico. Esta realidad no dejará de acarrear consecuencias deletéreas sobre Europa y Occidente, como así lo demostró el atentado terrorista islámico perpetrado el día 12 de marzo contra la mezquita chiita Rida, en el barrio de Anderlecht de Bruselas, el cual culminó con la muerte de su imán.

C.— ¿Considera usted que Occidente puede creer en la buena fe de aquellos que se declaran que pertenecen a una forma “moderada” del Islam?

Magdi Allam – Fui musulmán durante 56 años y comprendí que las personas pueden ser moderadas, pero que el Islam, como religión, no es moderado. Por lo tanto, si bien existen musulmanes moderados que respetan lo derechos fundamentales de las personas y las reglas civiles de la convivencia, el Islam —basado en el Corán y en Mahoma— no es moderado, porque el contenido de su texto sagrado y lo que hizo y dijo su profeta están en flagrante contradicción con los valores fundamentales de nuestra humanidad común.

C. — ¿La eventual admisión de Turquía en la Unión Europea representaría un riesgo para Occidente? ¿Cuál es ese riesgo?

Magdi Allam — Desde un punto de vista estrictamente geográfico, el 97 % del territorio de Turquía esta situado en Asia. Si considerásemos que Turquía hace parte de Europa, deberíamos considerar que Túnez también hace parte de ella y que, al contrario, Italia hace parte de África; en caso de que tengamos presente que la punta septentrional de Túnez está más al norte que la isla italiana de Lampedusa. Me pregunto: ¿cómo puede la Unión Europea continuar cortejando a un Estado que desde 1974 ocupa militarmente una porción del territorio [chipriota] —es decir, la faja septentrional de la isla de Chipre— sin condicionar oficialmente el envío de negociadores a la retirada militar de los turcos de ese territorio?
Aunque sin pretender suponer cuál sería el futuro de la Unión Europea con el ingreso de Turquía, basta considerar la política de descristianización practicada en la región ocupada de Chipre, con la destrucción o transformación de las iglesias en mezquitas y la violación de la libertad religiosa de los cristianos. Además, yo me pregunto, cómo se podría legitimar a Turquía como miembro de un conjunto de naciones donde tienen vigencia los valores absolutos y universales de la vida, la verdad, la dignidad, la justicia y la libertad si ella hoy sanciona con represalias ¡el simple reconocimiento de la verdad histórica del exterminio de un millón y medio de cristianos armenios! Debo constatar, por tanto, que el galanteo de la Unión Europea con relación a Turquía es semejante al de aquella que se enamoró de su propio asesino.

C. — Los musulmanes alegan la insuficiencia de lugares para sus prédicas en los países europeos y algunos exponentes de la Iglesia Católica, como el ex-arzobispo de Milán, el cardenal Dionigi Tettamanzi, son favorables a la construcción de mezquitas. ¿Los fieles católicos debemos reaccionar contra esa orientación?

Magdi Allam — Aunque respetando el principio de la libertad religiosa de todos, sin ninguna excepción, contemplada en las constituciones y en las leyes de los países europeos, no podemos renunciar al derecho y al deber de conocer cuál es la efectiva realidad de las mezquitas.
En ninguna sinagoga o iglesia se predica el odio, la violencia, la muerte, ni se incita a los fieles a matar a todos aquellos que no pertenecen a la propia religión. Por el contrario, eso sucede en las mezquitas, por cuanto está prescrito en el Corán y corresponde a lo que Mahoma concretamente hizo. Pero si fuesen musulmanes que, a despecho de lo que dice el Corán y de lo que hizo Mahoma, se empeñasen en dar vida a una mezquita cuyas paredes fuesen de vidrio, en cuyo interior se hablase la lengua nacional de modo que permita que cualquiera captase lo que se predica, en ella se difundiesen los valores no negociables que sustentan la esencia de nuestra común humanidad, si promoviesen una espiritualidad presta a construir y no a destruir, para mí estaría bien. Pero es evidente que se trataría de una mezquita que sería contestada por la mayoría de los musulmanes fieles al Corán y a Mahoma, una mezquita en definitiva contraria al Islam.

C.— El Vaticano se ha empeñado mucho en el diálogo interreligioso con el Islam. ¿Cree usted que ese diálogo traerá buenos resultado para las relaciones Iglesia-Islam y para las minorías cristianas en los países islámicos?

Magdi Allam — Benedicto XVI repetidamente ha invocado la lucha contra la dictadura del relativismo. Pues bien, la manifestación más peligrosa del relativismo es aquella que en el ámbito religioso lleva a colocar en el mismo plano al judaísmo, al cristianismo y al islamismo, calificándolos indistintamente y sin crítica, como las tres grandes religiones monoteístas, reveladas, abrahámicas —algunos llegan a definirlas como “del Libro”—, que creen y predican al mismo Dios y aman del mismo modo al prójimo. Nosotros somos cristianos porque creemos en Jesucristo, verdadero Dios y verdadero Hombre. Y si creemos en Jesús como sujeto de la profecía y complemento de la Revelación, no podemos de ningún modo creer que Mahoma fue un profeta auténtico ni que el Islam sea una religión divina. O se cree en Jesús o se cree en Mahoma; o se es cristiano o se es musulmán. Pero no se puede legitimar judaísmo, cristianismo e Islam como si fuesen religiones de igual valor y dignidad. Estoy más que nunca convencido que la salvación del propio cristianismo y de la Iglesia Católica dependerá de la capacidad de que ellos se libren del relativismo religioso y, específicamente, de la valentía de afirmar la verdad sobre Mahoma, un criminal que mató y masacró; sobre el Corán, que incita al odio, a la violencia y a la muerte; y sobre el Islam, que es una ideología de conquista del poder a través de la represión y de la sumisión.

C. — El 3 de junio de 2010, el vicario apostólico de Anatolia, Mons. Luigi Padovese fue asesinado por un musulmán en Turquía; más recientemente, en Pakistán, el Ministro para las Minorías, católico, fue martirizado. ¿Las reacciones de los líderes religiosos y políticos están siendo proporcionadas a la gravedad de esos atentados? ¿La solidaridad de los cristianos del mundo ante las persecuciones a sus hermanos han estado a la altura?

Magdi Allam — Los cristianos son hoy los más perseguidos en el mundo. Se estima que de cada diez víctimas de represión religiosa, siete son cristianos. Además, frente a la persecución de los cristianos, que se traduce en discriminaciones institucionalizadas y masacres generalizadas, Occidente se limita en la mejor de las hipótesis a vibrantes condenaciones verbales que permanecen como letra muerta. La verdad es que los cristianos tenemos miedo, porque somos interiormente frágiles, ya no sabemos quiénes somos, ya no tenemos más certeza de nuestra fe, de nuestros valores, de nuestra identidad y de nuestra civilización. Sólo cuando Occidente se vuelva interiormente fuerte, es que será posible y concreta la defensa del derecho a la vida, a la dignidad y a la libertad de los cristianos perseguidos en todo el mundo.

C. — ¿Cómo juzgar la actual amenaza del Islam en Europa? ¿Cómo reacciona frente a ella la Unión Europea?

Magdi Allam — Europa se encuentra actualmente rodeada, en la parte meridional y septentrional del Mediterráneo, por regímenes integristas y extremista islámicos que nosotros mismos apoyamos. Practicamos un autoengaño y caímos en la trampa de los islamitas, nos hemos dejado entusiasmar por las manifestaciones en las calles y los enfrentamientos, incluso violentos, contrarios a los autócratas que apoyábamos, confiando ciegamente en el resultado de elecciones con la participación de fuerzas islámicas que son enemigas de la democracia. Nos olvidamos además que Hitler y Mussolini llegaron al poder por medio de elecciones libres, y que por tanto, las elecciones son apenas un instrumento de la democracia, pero que por sí no compendian ni agotan la democracia. Esta adhesión de Europa es el resultado del relativismo y, sobre todo, del cinismo en la política, lo cual lleva a postrarse delante del “dios” dinero, cueste lo que cueste, y a la disposición de vender nuestros valores con tal de que a cambio se obtenga petróleo, gas, acceso a los mercados y a los fondos soberanos.



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