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¿PRESAGIO DE UN FIN DE ÉPOCA?

“Costa Concordia”, “Titanic” y Fátima

Lunes 6 de febrero de 2012

El hundimiento del crucero “Costa Concordia” trajo repentinamente a la memoria de muchos los tristes presagios que hace un siglo despertó la pérdida del “Titanic”, escribe Ben MacIntyre, del diario londinense “The Times”.

El afamado escritor Sir Osbert Sitwell había visto en la tragedia del trasatlántico inglés, ocurrida hace exactamente 100 años, el 14 de abril de 1912, el “símbolo de la fatalidad que se abatiría sobre la civilización occidental”. Y de hecho, apenas dos años después estallaba el mayor conflicto bélico ocurrido hasta entonces: la 1ª Guerra Mundial, que arrasaría Europa poniendo término a la rica, refinada y despreocupada Belle Époque. Fue el fin de una época.

Señales precursoras de virajes históricos

Hoy, en momentos en que la Unión Europea parece hacer agua en un mar de inestabilidad, el desastre del lujoso crucero italiano suscita analogías que invitan a la reflexión.

Mientras Italia, después de décadas salvaje despilfarro, está sumergida en deudas, incertidumbre política y una frágil economía, la imagen de un navío de placer golpeado bajo su línea de flotación aparece irresistiblemente apta” para simbolizar tal estado de cosas, dice MacIntyre. En este año en que se decidirá si la moneda común europea, el euro, se hundirá o permanecerá a flote, el buque de crucero construido en 2006 es la alegoría perfecta de la “extravagancia financiera” y de la artificialidad de la inmensa construcción político-burocrática europea.

Un enorme palacio flotante, cuyas dimensiones y opulencia ofuscaban el tamaño y el lujo real del “Titanic”; cuya ostentación y gusto eran harto discutibles, pero no por eso menos impresionantes para los hombres de hoy; tal fue el mayor crucero que la Europa de la era UE logró construir. Costó el faraónico precio de 572 millones de euros (US$ 753 millones) y terminó sus cortos días abriéndose el vientre en los arrecifes de una pequeña y poética isla toscana.

Las grandes catástrofes –escribe MacIntyre– pueden señalar los momentos de viraje de la Historia. Y, así como la desaparición del “Titanic” sonó como un gong que anunciaba el ocaso de la brillante era victoriana, el hundimiento del “Costa Concordia” podría marcar de un modo simbólico el fin de una época paradójicamente tan confiada en sí misma y a la vez tan insegura de sí, como es la nuestra.

En 1912. el famoso literato católico inglés G. K. Chesterton vio en el naufragio del “Titanic” el castigo a la jactanciosa modernidad, a una era orgullosa y llena de autocomplacencia, simbolizada por ese magnífico navío que ella se ufanaba de haber construido: supuestamente imposible de hundir, pero que en pocas horas acabó reducido a nada por una naturaleza que se presumía tener dominada para siempre.

¿Se monta un nuevo escenario post “Titanic”?

La tragedia del “Costa Concordia” –pregunta MacIntyre– ¿no presagiará un cambio de época comparable, no contendrá la advertencia de una eventual punición a la actual “obsesión por la velocidad, el gigantismo y el placer”?

Y a esa pregunta, como católicos que somos podríamos añadirle otra: ¿sobre todo si esa obsesión llega al extremo de desconocer la propia moral natural y desafiar las leyes del Creador?

Son preguntas inevitables, y más aún en este año en que silenciosa e inexorablemente se va montando el escenario de una posible guerra internacional, semejante al que en los días del “Titanic” se montaba en Europa Central, y que terminó ocasionando la conflagración de 1914-18.

El Perú de hoy, tan autocomplaciente, despreocupado y cuidadosamente desinformado por nuestros patéticos medios de comunicación –que saturan sus noticiarios de banalidades anestésicas–, vive mecido en la burbuja de una frágil prosperidad, ajeno a los grandes problemas mundiales. Mientras tanto, el agravamiento de tensiones en el Golfo Pérsico hace cada vez más plausible un ataque de Israel a Irán, para evitar que este logre construir bombas atómicas.

Tal ataque obraría de inmediato como catalizador de alianzas de uno y otro lado: la mayoría de las naciones europeas se alinearía con Israel, muchos países musulmanes con Irán. Y los Estados Unidos, Canadá, Rusia y China no demorarían en involucrarse. De esa manera, si ese potencial conflicto llegase a estallar, podría convertirse inmediatamente en guerra mundial. Y esa guerra significaría el fin de la actual civilización hollywoodiana, como la Iª Guerra Mundial lo fue de la Belle Époque.

Símbolos de esperanza

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La imagen de la Virgen de Fátima rescatada del interior del crucero

Esta hipótesis nos acerca vertiginosamente a las perspectivas del mensaje de Fátima. Y nos permite entender otros dos hechos, tan menores, pero de tan mayor significado:

Pasada más de una semana desde el naufragio, el día 21 de enero buceadores de la Marina italiana rescataron del interior del “Costa Concordia” una imagen portuguesa de Nuestra Señora de Fátima de 1 metro de alto, felizmente intacta. Proveniente del propio santuario de Fátima, es una réplica de la imagen existente en la Capilla de las Apariciones, y fue entronizada en la capilla el navío en julio de 2006. Ahora permanecerá en la parroquia de la isla de Giglio como recuerdo de la tragedia y el salvamento.

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El Párroco de Giglio, P. Lorenzo Pasquotti. Al fondo, el crucero encallado

El párroco local, P. Lorenzo Pasquotti, reveló además que en el fondo marino del lugar del naufragio, exactamente “debajo del escollo donde se hundió la nave, se halla una imagen de la Virgen Stella Maris: un maravilloso bajorrelieve que todos los años, cada 15 de agosto, es centro de peregrinación submarina de buceadores que la adornan con una corona de laureles”. Los isleños ahora la han rebautizado “Virgen del Milagro”.

Para los católicos perspicaces, que comprenden el lenguaje de los símbolos y lo certero del dicho “‘casualidad’ es uno de los nombres de Dios”, el mensaje es claro: por mayores que sean las borrascas o hasta eventuales catástrofes que amenacen de naufragio nuestra civilización actual, la Santísima Virgen será siempre la “Estrella del Mar”, que conducirá a buen puerto –o sea, al cumplimiento de las radiosas promesas de Fátima– a quienes se encomienden a Ella con fervor y sinceridad.

Fuentes

  1. Luis Dufaur, “Costa Concordia”, “Titanic” do século XXI: preságio de um fim de época?, http://www.ipco.org.br/home/noticias/%E2%80%9Ccosta-concordia%E2%80%9D-%E2%80%9Ctitanic%E2%80%9D-do-seculo-xxi-pressagio-de-um-fim-de-epoca#more-11755.
  2. Ben MacIntyre, Giant metaphor sinks off the coast of Italy, “The Times” 17-1-2012.
  3. http://www.vita.it/news/viewprint/117798
  4. http://www.liberoquotidiano.it/news/923069/Giglio__le_ostie_consacrate_della_Concordia_ai_fedeli_dell_isola.html


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Comentarios

  • Concuerdo con la interpretación que el articulista da al choque del crucero contra el arrecife donde justo había una imagen submarina de Stella Maris. Pero creo que podría añadirse esta otra:

    Ese choque, ¿no simbolizará a un mundo, a una civilización que ignoró las advertencias de Fátima, hasta que por fin la propia Virgen decide decir "basta", y Ella misma le frena su marcha?

    El hecho de que la abrumadora mayoria de los 4000 pasajeros se hayan salvado parece hablar a la vez de un gran castigo y de una misericordia aún mayor. Y en ese binomio pueden reconocerse las "huellas digitales" de María, de una Madre que simultáneamente castiga y salva.

    Responder

  • "¿Escuchaste ese ruido? dijo la esposa, no te preocupes mi amor, estamos en el 2012, siglo 21, este navío está equipado con la tecnología mas adelantada del mundo, imposible que pase nada grave" Entrevista publicada por El Miami Herald a un joven matrimonio de Miami que vacacionaba en el "Flamante super moderno Costa Concordia".....Cuba naufragó en el Comunismo hace 53 Años.

    Responder

  • Muy interesante el articulo, es una verdad escalofriante y a la vez digna de un profundo análisis, lástima que esos detalles (el hundimiento debajo del Santuario Stella Maris) no sean publicados por los medios de difusión masiva, una muestra más que los medios de comunicación sirven a oscuros intereses.

    Responder

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