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LA CRISIS DEL EURO - II

“Euroescépticos”: menospreciados ayer, profetas hoy

Miércoles 28 de diciembre de 2011

Para Peter Oborne y Frances Weaver, del diario londinense “The Spectator”, pocas organizaciones o movimientos “se han anotado una victoria moral tan completa y aplastante como los actuales conservadores euroescépticos”.

Ellos son, hoy, los dueños del juego. No sólo tenían razón en el caso de la moneda única [el euro], la mayor cuestión económica de nuestro tiempo, sino que la tenían por buenas razones. Ellos previeron con una precisión y una lucidez casi profética cómo y por qué el euro iría a provocar en su caída la devastación financiera y el hundimiento de las sociedades. Simultáneamente, los pro-europeístas pasan ahora por la misma situación en que quedaron los pacifistas en 1940 o los comunistas después de la caída del Muro de Berlín: están perfectamente knocked-out.

Los autores del reportaje muestran de qué manera periódicos económicos como el “Financial Times” (FT) —tenido casi como un oráculo infalible de la economía libre— dieron las espaldas a sus lectores y dejaron la redacción en manos de una clique de periodistas de izquierda (cualquier parecido con cierta prensa del Perú ¿será mera casualidad?...).

Desde que hizo ese cambio, el FT se engañó en su juicio sobre casi todas las cuestiones económicas cruciales. Pero su desacierto sobre el caso del euro batió todos los records. En la polémica suscitada a propósito de la nueva moneda, y llevado por su izquierdismo camuflado, el periódico se lanzó de cuerpo y alma a promover“con un fervor religioso” la causa del euro, pese al masivo rechazo del pueblo inglés.

Por ejemplo, hace diez años el FT “profetizó” que en Grecia, la desaparición de su moneda nacional, el dracma, y el ingreso del país en la zona del euro serían “la garantía de una estabilidad económica a largo plazo”. Y los calamitosos resultados ya están a la vista de todos... El mismo FT celebró, con acentos líricos, la entrada de Irlanda en el área de la moneda paneuropea, que en pocos años ha dejado ese pequeño país al borde de la quiebra.

También el gigante de la comunicación inglesa, la famosa BBC, denigraba a los que llamaba despectivamente euroescépticos, y publicaba sospechosos sondeos de opinón que daban siempre índices extraordinarios de aprobación al euro en el público inglés. Esto nunca se confirmó electoralmente: ninguna autoridad política osó consultar al pueblo sobre el tema —como le fuera prometido repetidas veces en períodos electorales—, temiendo sin duda un solemne desmentido popular.

Los críticos del euro eran tratados por la prensa liberal-izquierdista como excéntricos, necios, o, como escribió Andrew Rawnsley en el diario “The Observer”, “locos de atar”. Pero al final, señala el reportaje, la realidad mostró que ellos eran los únicos perfectamente cuerdos y lúcidos.

Con toda razón, los autores reclaman explicaciones a los defensores del euro y de la Unión Europea: “Ellos deberían decirnos por qué intentaron empujar a Gran Bretaña por la vía calamitosa de la adhesión a la moneda única”. En ese sentido recuerdan la política del actual Secretario del Tesoro inglés (equivalente a ministro de Finanzas), el liberal Danny Alexander, quien calificó de “enemigos del crecimiento” a los que se oponían al euro, etiquetándolos con desprecio como “aislacionistas” o “nacionalistas”.

Durante cinco años Alexander hizo campaña por el euro, y, si hubiese alcanzado sus objetivos, habría conducido a Gran Bretaña directo hacia la catástrofe. ¿Cómo osó tratar de ese modo a los euroescépticos? Este es un gran momento para que los partidarios del euro presenten sus cuentas”, concluye el reportaje.

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El five o’clock tea inglés de hoy: puro y “libre de Euro”

Cuando hace 20 años, en febrero de 1992, el tratado de Maastricht dio origen a la Unión Europea como entidad política supranacional, con el apoyo eufórico de liberales y socialistas, el profesor Plinio Corrêa de Oliveira mostró, con su habitual lucidez, que se trataba de una estructura-“camisa de fuerza”, completamente artificial, anorgánica y totalitaria, y por eso mismo destinada a colapsar a mediano plazo.

Advirtiendo que ese engendro político-económico no nacía espontáneamente de la vida de las naciones europeas —hijas de la civilización cristiana, formadas orgánicamente durante siglos, y notablemente diversas en sus características peculiares— sino de las elucubraciones cerebrinas de utopistas, ebrios de sueños de una república universal anticristiana, el pensador católico mostraba que tarde o temprano la artificialidad del nuevo organismo le pasaría forzosamente la factura.

Ese gran momento histórico parece estarse aproximando [*]. Y aunque pueda resultar doloroso o hasta traumático, tendrá al menos un efecto positivo, de un valor incalculable: el colapso de la utopía igualitaria, que a muchos permitirá abrir los ojos y reconocer que no se construye un orden internacional por decretos de burócratas, al margen de la vida y del sentir de los pueblos.

(*) Ver nuestro artículo anterior en http://tradicionyaccion.org.pe/tya/spip.php?article154

Fuentes


1. L’heure de gloire des eurosceptiques, “Courier International”, http://www.presseurop.eu/fr/content/article/1010371-l-heure-de-gloire-des-eurosceptiques

2. Luis Dufaur, Eurocéticos: menosprezados ontem, profetas hoje, http://www.ipco.org.br/home/noticias/euroceticos-menosprezados-ontem-profetas-hoje.



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